lunes, abril 02, 2007

Cuando el prìncipe se convierte en sapo

En teorìa, deberìa ser al revès. Besas a un sapo y se transforma en prìncipe. Pero, ¿què pasa cuando el prìncipe se convierte en sapo? ¿Què pasa cuando el prìncipe pierde su encanto? ¿Què pasa cuando se baja del caballo blanco y comienza a ser un batracio verde con ojos saltones y sin encanto alguno?

Jorge Bucay y Silvia Salinas dicen en el libro "Amarse con los ojos abiertos", que lo mismo que te une a un amor, suele ser lo mismo que te separa de ese amor. Personalmente, esa idea me hizo ruido, pero con el paso del tiempo, me he dado cuenta que no es tan alocada y que a veces es asi.

Lo que al principio te parece atractivo, luego puede convertirse en un ruido para la relacion. Por ejemplo, cuando conoci a mi ex novio me gustaba lo independiente y libre que era, con el paso del tiempo yo solia decia "Es que quiere hacer lo que le da la gana y no le para a nadie". Con otro me paso mas o menos igual, en un primer momento me gustaba lo sencillo y simple que es el tipo; luego: "Es que es muy superficial el hombre, es demasiado basico".

Hace poco me volvio a suceder. Y tuve la sensacion del niño que va con su globo por el centro comercial, se le explota y solo se queda con los pedazos de globo en las manos, que ni son globo ni son nada...

Este hombre en cuestion tiene muchos atributos... pero dejo de ser atractivo para mi y se convirtio en un ser humano comun con los suficientes defectos como para que no me atrajera ni para una lavadita de carro.... Y entonces?, me pregunte yo. Donde estan todas las cualidades que antes me gustaban? No se que se hicieron. Tampoco se donde se metio la gracia que lo caracterizaba y que me hacia reirme de todos sus chistes, ahora solo habia una suerte de mueca-sonrisa en ese espacio.

No hay respuesta para esta mutacion. Sucede y punto. Lo triste es que cuando sucede, ya el sapo (ex-principe) pierde toda posibilidad de volver a su estatus anterior. Lo mejor sera entonces dejarlo nuevamente en la grama donde lo encontramos, quiza este sapo tenga suerte y se encuentre con otra mortal que se atreva a besarlo para ver si deja de ser verde por un rato mas....

martes, marzo 13, 2007

El dia que decidi ser fiel (PARTE II)

Conoci a este hombre cuando estaba sin novio. Era elmes de mayo. Y me gusto desde el "HOLA, COMO ESTAS". Hablamos toda una noche y tuve esa sensacion corporal de que este hombre seria inolvidable. Lo bueno o malo es que no me habia equivocado en esto de lo inolvidable...

Mientras estuve sin novio, este hombre en cuestion no me invitaba a salir, solo me llamaba por telefono. Evitaba el encuentro. Las veces que nos vimos fue porque yo lo visitaba en su oficina o algo asi. La cosa es que eso de relacion no tenia nada y las posibilidades de estar juntos de alguna u otra manera, eran nulas.

Llego el mes de noviembre. Ya superada la NO historia con este hombre, comence a salir con otro, el pimpollo. Todo bien, normal y tranquilo. No era una voragine de pasion y a la vez era lo que necesitaba en ese momento, alguien con quien estar, a quien besar y a quien mirar a diario.

El pimpollo y yo seguiamos juntos en diciembre, contentos y tranquilos, ningun sobresalto. Para la Navidad y el fin de año, el pimpollo se fue a su tierra en el llano. Todo normal. Hablabamos por telefono, mensajes de texto, entre otras. Sin mayores novedades.

El 24 de diciembre y como regalo del niño jesus, suena el telefono de mi casa y era EL HOMBRE, el mismo de mayo. Llamo para desear Feliz Navidad. Me alegro saber de el. Y quedamos en vernos en esos dias.

Dos dias mas tarde me vuelve a llamar. Me dice que esta enfermo, que se siente mal y que quiere verme. Yo andaba sola por la ciudad, el pimpollo en su tierra, asi que fui a visitar a MI PANA EL HOMBRE. Llegue y todo normal. Me ofrece algo para tomar, hablamos mucho. Y yo, por dentro me repetia en una suerte de mantra: "El es tu amigo, tu eres su amiga, estas aqui en version amiga".

Luego de hacerme un tour por toda su casa, un sitio maravilloso, nos quedamos de pie en una de las puertas de uno de los cuartos. Me mira y me lanza un piquito en la boca. Yo me quedo un poco paralizada y pienso: "Creo que se equivoco, probablemente me quiso dar un beso en la mejilla y se equivoco".

A los minutos, me invita al cuarto de la television y me pone un DVD de U2, su grupo preferido. El concierto de Boston. Bono le cantaba "With or with out you" a una china acostado en el piso. Yo me babeaba, el pimpollo quien sabe que mierda estaba haciendo y EL HOMBRE me acariciaba la pierna y me agarraba la mano. Alli, antes o despues de esta cancion, me volvio a besar en la boca.

Fue alli, justo en ese momento, cuando me pare y me fui al baño con cartera y todo. Me mire en el espejo y me dije: "Marica, si te quedas, te cogen". Acto seguido, baje la poceta -para simular que estaba en el baño-, agarre las llaves del carro y me despedi intespestivamente.

Deje la cerveza a medio beber y corri a mi apartamento a llamar al pimpollo y dejarle un mensaje de buenas noches. No se si hice bien o mal, sobre todo, porque el Pimpollo nunca fue un santo conmigo y creo que mas de un cacho me puso... Eso si, en esta oportunidad, la vida dio la vuelta y luego de separarme del pimpollo, EL HOMBRE y yo pudimos terminar lo que comenzo mientras Bono cantaba "With or with out you". A veces, los buses regresan, aunque sea para un paseo corto.

El dia que decidi ser fiel (PARTE I)

La fidelidad es todo un tema. Yo fui infiel una vez, a los 18 años. Y me pillaron. Fue triste. A mi me fueron infiel a los 21 años. Me dolio y fue triste. Con el tiempo he llegado a pensar que es muy dificil ser fiel y sin embargo, cuando tengo pareja, trato de mantenerme en el grupo de los que aun creen que se puede estar solo con una persona a la vez. En fin...

Lo que viene a continuacion es la historia de una fidelidad. Una fidelidad de la que hoy, unos tres años despues, me arrepiento un poco, no lo puedo negar.

Era la primera vez que viajaba a Argentina. El cabezon de mi novio para ese entonces no quiso irse de viaje conmigo porque no tenia plata y el no iba a permitir que una mujer le pagara parte del viaje. Asi que decidi irme sola al sur.

En el aeropuerto, antes de abordar el avion y por encima de las hojas del libro que estaba leyendo, observo que un hombre joven me mira. Me hago la loca. A los minutos, sigue mirandome. Yo me quede con la vista clavada en el libro y con la sensacion de que alli seguian esos dos ojos, sobre mi.

Nos montamos en el avion. Al hombre joven le toco el asiento 14B y a mi el 13B, es decir, el estaba una fila detras de mi. Ni bien nos habian dicho donde estaban las mascaras de oxigeno, el hombre me hablo. Me saludo y me pregunto que si viajaba sola (lo que era obvio), me pregunto el motivo de mi viaje y una que otra pregunta de esas de la primera conversacion. Me conto, sin que yo le preguntara, el motivo de su viaje, a que se dedicaba y otras hierbas mas.

El camino de Caracas a Bogota, nuestra primera parada, fue conversando. Un poco de todo, un poco de nada. Me pregunto que cual era el hotel en el que me iba a quedar en Argentina. Me pregunto sobre mis planes del fin de semana y me dijo que luego de su convencion estaria libre, asi que podriamos planificar algo para vernos por alla por el sur.

Eso paso hace unos tres años. Creo haber sido lo suficientemente cortante como para que el tipo se diera cuenta que yo no le estaba siguiendo la corriente. Y con todo y todo, el siguio siendo muy simpatico conmigo.

Llegamos a Bogota. Me bajo del avion y me siento a esperar. El se me acerca y me ofrece cafe. Le digo elegantemente que no, que gracias. Y se va. Busca su cafe y se sienta a mi lado. Sigue conversando de todo y de nada y me dice en algun momento que no me olvide de pasarle el telefono de mi hotel en Buenos Aires para llamarme. Me hice la loca una vez y mas y llegamos de nuevo al avion.

Apenas subimos, siento que me tocan el hombro. Era el, obviamente. Me paso una servilleta con su nombre completo, telefono de casa, oficina y celular en Caracas, mas el telefono del hotel donde se iba a hospedar en Bs As. Y tambien me paso un boligrafo con una servilleta en blanco para que yo le anotara mis datos. Respire profundamente y anote mi nombre y el telefono del hotel en el que me iba a alojar.

Pasada la noche, llegamos a Buenos Aires. Aterrizamos a las 5 am y al avion tocar tierra me saluda y me pregunta que como pase la noche, que si dormi bien, etc. Yo sonreia educadamente. Entramos al pais, buscamos las maletas y el muchacho tan amable pues se fija si me equipaje llego bien y completo. Al salir, me dice que me puede llevar a mi hotel si lo necesito, pues el tiene chofer. Le digo que no, que me vienen a buscar. Alli termino la conversacion del aeropuerto.

Cuando me registre en el hotel y me encuentro en el lobby preguntando sobre algunas direcciones de la ciudad, me dicen que tengo una llamada. "Que bello mi novio que me llama para saber si llegue bien", pense ilusoriamente yo. No, era el hombre del aeropuerto y del avion, me queria avisar su numero de habitacion y queria saber si yo habia llegado bien. Aprovecho para pedirme que lo llamara y que acordaramos en encontrarnos para el fin de semana.

Al dia siguiente de haber llegado a Argentina, bote la servilleta en la que el venezolano me habia escrito sus datos. Opte por mantenerme cauta, impoluta, fiel al 800%. Nunca mas supe del tipo. No me volvio a llamar. Con el paso del tiempo, se me olvido el nombre de ese hombre del aeropuerto y del avion, lastimosamente.

Hace una semana que volvi al Sur me acorde de el mientras esperaba el avion. No aparecio. Esta vez no lo dudaria y lo llamaria no una, sino un par de veces al menos.

domingo, febrero 18, 2007

Días de Carnaval

Tengo 32 años. Y nunca me ha gustado disfrazarme. De hecho, no tengo muy buenos recuerdos de los carnavales de mi infancia. Por alguna razón, siempre me ha fastidiado esto de ser otra persona que no soy yo. Nunca lo entendí bien. Y mucho menos para qué carajo salir a pasear por las calles vestida de esa manera.

Tengo varios recuerdos relacionados a este tema.

Una vez me disfracé de payaso. Un de mis tías me pintó la cara y me prestó la ropa. Para ese momento, yo tendría uno 8 ó 9 años, llevaba el cabello cortico. El disfraz quedó hermoso, no puedo negarlo. Entré en un concurso de disfraces en la fiesta de carnaval del club del pueblo en el que vivía mi tía. La cuestión es que poco a poco iba subiendo peldaños y me acercaba a los finalistas. Yo estaba tan emocionada de ganar algún concurso alguna vez en mi vida que no escuchaba ni veía nada. Al final, quedé en tercer lugar y el premio fue una pelota de fútbol, todo el jurado pensó que yo era un varón. Yo agarré mi pelota con emoción, nadie me iba a quitar mi premio y el sabor de un gran tercer lugar.

Otro carnaval, no sé por qué razón, decidí que quería ser Batichica. Mi mamá y yo fuimos a una tienda de disfraces y creo que la vendedora nos vio cara de tontas, tanto a mi mamá como a mi, porque nos vendió un traje de Batman en vez de Batichica. A pesar de que en la televisión, Batichica usaba panlatón, los disfraces de esta mujer murciélago eran hechos con una falda. Yo no llevaba la falda, sino la malla de Batman. Lo más cumbre del caso es que salí a la calle así, vestida de Batman. Los niños varones querían jugar conmigo y las niñas no querían jugar conmigo. Yo me moría de ganas por gritarles a todos que yo era la auténtica Batichica, pues en la tele ella no aparecía con falda, pero creo que no me gasté en explicaciones y preferí cambiarme el traje por otro que tenía en casa.

También me disfracé de Fresita. Ese traje me gustaba, me parecía lindo y estaba bien hecho. Creo que lo usé por más de dos años. Mi hermano me decía que parecía "Fresota", en vez de Fresita por aquello de los kilos de más. Yo nunca le hice caso.

Cuando era adolescente fui parte de una comparsa. Eso fue divertido. Éramos un grupo de botellas de COCA COLA. Fue genial. También ganamos un premio por mejor disfraz. Fue un atuendo bastante producido. Los trajes los hizo una costurera y mi prima se fajó para conseguir y hacer los accesorios. Teníamos zarcillos de Coca Cola, pulseras, maquillaje para la ocasión y un plato de aluminio en la cabeza que hacía las veces de chapa de una botella. Yo tenía 12 años para la época y disfruté mucho esa fiesta, a pesar de que me agarraron el culo en medio del baile y que mi papá se puso bravo conmigo porque me perdí un buen rato con un italiano bellísimo que me llevaba 6 años.

De los disfraces, sólo queda el recuerdo, a veces bueno, a veces no tan bueno. Mientras tanto, como en años anteriores, este carnaval me quedo en casa, sin disfraz ni viaje pa la playa.

sábado, febrero 10, 2007

Lo que es, es lo que hay

El mundo femenino es muy particular. Así como lo es el masculino. No estoy, hasta ahora, diciendo nada nuevo. Nosotras somos como somos nosotras y ellos son como son ellos.

En fin, tampoco creo que con este escrito voy a descubrir el agua tibia. No es mi finalidad. Sólo escribo porque no dejo de sorprenderme a veces cuando escucho una conversación entre un hombre y una mujer y observo cómo ciertos patrones se repiten. Me sigue sorprendiendo, especialmente porque no termino de entender qué es lo que nos pasa a los seres humanos con la felicidad, la tranquilidad y el bienestar y por qué cuernos nos empeñamos a alejarnos de estos estados para gastar energía en otros menos felices.

Me da la sensación de que vivimos remando hacia la infelicidad y nos seguimos arrechando porque tenemos tantas ganas de ser felices y no lo logramos. Creo que cuando remamos ni siquiera nos damos cuenta en qué agua estamos, cómo es el barco en el que vamos montados, cuáles son las condiciones climáticas del día y lo más importante, si es que realmente queremos estar allí o queremos estar en otra parte. Ni siquiera nos preguntamos si queremos remar, remamos y remamos y nos agotamos en este ir y venir. Y seguimos perdidos.

Parece muy profundo. Realmente no creo que lo sea.

Conozco varios casos de hombres que desean ser felices y para ello buscan estar con más de una mujer al mismo tiempo. Más allá de los cachos y su connotación social, lo que me sorprende es que ellos insistan en probar que el manejo de situaciones simultáneas es una de las rutas a la felicidad... al final, suelen terminar con culpas, malestares y/o problemas más grandes que cuando comenzaron.

Es gracioso, porque como suele suceder, al principio de la relación extra o clandestina, todo parece color de rosas, suelen decir que con esta mujer todo es diferente y luego cuando ellas comienzan a reclamar su parte del territorio o cualquier otra cosa, ellos caen en cuenta -a veces muy tarde- que no se encontraron con alguien "tan diferente" y es allí donde viene el clásico: "Es que todas las mujeres son iguales".

Luego, están las mujeres. Nosotras. Con nuestras eternas ganas de cambiar el mundo y a sus habitantes. Comenzamos una relación con felicidad, diciendo también "es que con él es distinto"; pasado un tiempito, comenzamos a querer las cosas un poco diferentes, porque bueno, esto sería mejor así o asá. Y es cuando comenzamos a reclamar, a decir, a querer hablar...

Particularmente, ahora lo estoy viendo en casos de mujeres que conozco que están en el rol de "amantes", son las otras, las terceras o cuartas de las relaciones. A pesar de tener esta información previo a meterse en el pantano, ellas han insistido en tirarse al agua sucia, porque "él va a dejar a su mujer" o porque "él se va a dar cuenta de que conmigo sí es feliz". Cuando el romance sigue, algunas mujeres comienzan a darse cuenta que esto de ser la otra con es tan fácil ni glamoroso como parece, pues suelen haber otras prioridades. Es así.

El problema no está en la situación como tal, eso de ser la quinta en la lista de prioridades (con suerte!), sino en cómo lidiar con este detalle. La mayoría comete el error garrafal de reclamar más tiempo y espacio, de querer cambiar el mundo de este hombre de tal manera que ella ocupe el primer lugar del ranking. Y en el intento de cambiar este mundo y en las discusiones sobre las prioridades, las mujeres gastamos mucho tiempo y energía.

En fin, ¿Qué hago con este señor que no me saca a pasear los fines de semana porque está con su familia? ¿Qué hago con esta mujer que me para peos todos los días porque no la quiero o porque la tengo escondida? ¿Para qué sigo remando hacia la dirección contraria de la tranquilidad?

¿Qué pasa si me muevo hacia otra dirección, o me cambio de lago, o si en vez de remar, vuelo o corro o camino?

Si nos tomáramos un segundo para ver el panorama como un observador y nos preguntáramos por un instante si ESTO que tenemos en frente es lo que queremos vivir, quizá seríamos todos un poquito más felices, al menos un tanto más honestos.

No hay relaciones perfectas. No hay personas perfectas. LO QUE ES, ES LO QUE HAY.... la cosa es ver si me quiero quedar con esto que hay, si sigo tratando de que el sol salga todos los días un poco más tarde a sabiendas de que eso no podrá ser asi o si me muevo de lugar a ver si moviéndome yo, algunas cosas cambian....

sábado, febrero 03, 2007

Una mujer privilegiada

Hasta hace unos años pensaba que era una mujer completa y feliz. Tenía un trabajo bien remunerado, iba todos los días a una oficina bonita con aire acondicionado, me tenía que vestir bien para ir a trabajar y me mantenía ocupada de 8 a.m. a 6 p.m., a veces, hasta más tarde. Pensaba que eso era ser exitosa.

Hoy, pienso muy diferente.

Por ejemplo, hoy me desperté casi a las 9 a.m., me bañé, me hice una arepa, me la comí, me sequé el cabello, me vestí. A las 10:30 a.m. salí de mi casa con mi mamá, la acompañé a cobrar su pensión, luego fuimos a un centro comercial pues ella quería comprarse unos pantalones, hicimos la compra, almorzamos juntas, paseamos, me tomé un café y a las 3 de la tarde me fui a buscar a mi sobrina al colegio, cantamos en el auto camino a casa y así terminó mi tarde.

Y hoy, aunque no gané dinero porque no trabajé, gané mucho más. Compartí el día con gente a la que amo. Y una vez más me di cuenta que puedo ser feliz con muy poco. No necesito una oficina, un traje ni un horario fijo para estar bien.

Eso tampoco significa que ando de comeflor por el mundo y que me meteré a hippie. Necesito dinero, como cualquier mortal. Me gusta trabajar. Amo las actividades que tengo en este momento. Y a la vez, me estoy dando el permiso de ir poco a poco en esta nueva etapa personal y profesional.

Y descubrí que exigiéndome menos y disfrutando lo que tengo, estoy mejor, conmigo, con los que están a mi lado y con el mundo.

Mañana, probablemente las cosas cambiarán. Mientras llegan las transformaciones, disfruto cada momento.

lunes, enero 22, 2007

El traje de hada madrina

Siempre me ha costado aceptar esto de que no le gusto a un hombre, especialmente si a mí sí me gusta él. No creo que sea nada original en este pensamiento, sólo que ahora tengo la valentía suficiente para declararlo ante el mundo.

Hasta hace un año, jugaba a ser el hada madrina o la mujer con poderes mágicos que podía conquistar a cualquiera. ¿Cómo lo lograba? De variadas y diferentes maneras.

Primera aclaratoria: ¿Estoy buena? No, no lo creo. Con honestidad y autoestima, no creo pertenecer a ese grupo de mujeres que hacen que los hombres volteen en la calle como tontos con la boca abierta. Mis encantos van por otra parte.

Entonces, ¿cómo si no estoy buenota lograba conquistar al tipo que yo quería? Era justo allí cuando me ponía el traje de hada madrina y varita mágica en mano cambiaba el destino de mi amado. Todo con tal de que me quisiera (aunque sea un poquito)

Yo solía hacer todo un estudio de mercado. Observaba al hombre, lo investigaba profundamente, como un científico a sus ratas de laboratorio, buscaba información. Era como una detective. Al final, podía saber en cuestión de días si al tipo le gustaba la remolacha, qué tipo de películas veía cuando iba al cine, cuál era su grupo de música preferido y hasta por qué había terminado su más reciente relación.

Con esta información en las manos, me convertía en la mujer que él quería. Si a él le gustaba ir al Ávila, a mí también. Si a él le gustaba María Teresa Chacín, yo me compraba todos sus Cd’s y me convertía en una experta en la materia. Me hacía la mejor amiga de sus amigos. De una manera u otra me volvía indispensable en su vida.

La magia podía durar un rato. Ellos no dejaban de sorprenderse de nuestra conexión perfecta, casi hecha en el cielo. Y mientras tanto, yo alzaba mis manos como una campeona pues había logrado mi objetivo. Pero, ¿Realmente había logrado algo? ¿Tenía alguna razón para celebrar?

Los problemas comenzaban cuando mis costuras afloraban y en vez de querer ir al Ávila, yo quería ir a pasear en un centro comercial, o cuando en vez de escuchar a la Chacín como siempre, yo trataba de poner un Cd de U2, para variar la melodía. En lo que la máscara que utilizaba comenzaba a desprenderse, la magia se evaporaba. Y yo, tan ilusa como el primer día, no lo lograba entender por qué si yo había hecho todo lo que había podido, la cosa no había funcionado. Al final, salía frustrada de la relación, culpándolo a él de insensible, de no valorarme o de cualquier cosa.

Cuando comencé a observarme en esta dinámica poco saludable, en la que además invertía una cantidad de energía enorme, las cosas cambiaron. Lo primero que hice fue botar a la basura la varita mágica, el traje de hada madrina y los Cd’s de María Teresa Chacín, Deep Forest y otros tantos grupos que ni recuerdo y que jamás me gustaron.

Luego, comencé a ver qué era lo que realmente a mí me gustaba. ¡Ah! Allí entendí que no me gusta subir el cerro Ávila, que prefiero verlo desde un hermoso restaurante con una bebida en la mano. Cambié la dirección de la lupa y comencé a investigarme a mí misma, a conocerme.

Comencé a decidir por mí, basándome en mis gustos y en mis necesidades reales. Sin cerrarme ante otro y a la vez preguntándome si realmente deseo estar aquí, en este momento, con esta persona; es decir, dándome voz y voto en mi propia existencia.

Si al otro no le gusta lo que ve en mí, prefiero que siga su camino, así ninguno de los dos pierde tiempo ni energía. Si no me gusta lo que veo en el otro, sigo de largo. No trato de cambiarlo ni de adaptarme a él. Como dijo alguna vez el gran Fritz Perls, “Si nos encontramos, será maravilloso. Si no, no podrá remediarse”.

lunes, enero 15, 2007

La guerrera y la princesa

En una mesa de un restaurante de Caracas estàbamos cuatro mujeres sentadas. Nos conocemos desde hace por lo menos 10 años. Todas somos profesionales graduadas. Todas somos independientes. Todas hemos vivido solas. Todas hemos viajado. Todas nos sentimos orgullosas de tener los pantalones bien puestos y ademàs, màs de una vez todas hemos dicho que no necesitamos a un hombre a nuestro lado para ser feliz. Ah! Y todas somos solteras y en este momento no tenermos una pareja estable.

Las escucho hablar de los hombres y no puedo dejar de sentir cierta desazòn. Las miro y ràpidamente puedo decir que hablan desde su rol de guerreras, de mujeres que creen que pueden con todo, mujeres activas, de esas que pagan sus cuentas y cambian un caucho si es necesario, mujeres que no piden ayuda, mujeres a las que les cuesta mostrarse vulnerables. Las reconozco porque hasta hace pocos meses èse era mi rol preferido o quizà el ùnico que utilizaba.

Hasta hace unos meses, catalogaba a la vulnerabilidad como algo negativo. ¿Mostrarme necesitada? Ni de vaina! ¿Mostrarme vulnerable? Ni por error!

Ser una guerrera no es un problema en sì. La fuerza femenina es una realidad y me siento orgullosa de tener esta energìa conmigo. El problema, para mi entender, aparece cuando como mujer me quedo tan pegada en mi rol de guerrera que se me olvida còmo ser princesa. El problema se agiganta cuando soy tan guerrera que los hombres no son màs que indios que no me llegan ni a los talones.

Eso tratè de explicarles a mis amigas en esa mesa del restaurante. Esta idea simple y a la ves compleja de que mientras màs reconciliadas estemos con nuestra princesita o mientras màs en contacto estemos con nuestra egergìa femenina (receptiva, pasiva, que espera), mejor serà nuestra relaciòn con el sexo opuesto.

No en vano he escuchado en muchos ejercicios terapèuticos relacionados al tema de lo masculino y lo femenino que mientras màs mujeres somos como mujeres, màs se desarrolla el hombre que està en los hombres. Y por lo tanto, mejor podrà ser la relaciòn entre lo que por naturaleza està para complementarse.

Si como mujeres dejamos de competir con los hombres, bien sea por un cargo, una posiciòn, por el dinero o por quièn tiene la razòn, creo que mejor nos irà en nuestro rol femenino, porque podremos dedicar nuestra energìa y tiempo en ser mujeres, en ser pasivas, en ser receptoras, en aprender a esperar y a recibir.

La invitaciòn que me hago a diario y que le hago a las mujeres que tengo a mi alrededor es la de sacar a pasear con màs fecuencia a nuestra princesa y sentirnos orgullosas de ella, con su vulnerabilidad, receptividad y pasividad, caracterìsticas de las que tambièn me siento orgullosa.

miércoles, diciembre 20, 2006

Los peluqueros de mi vida

Tengo 32 años. Debo asumir que no he tenido una vida emocional estable. He tenido muchas relaciones, encuentros, novios, desencuentros, equìvocos, barrancos, etc, etc, etc. Tambièn debo confesar que esto de la inestabilidad emocional siempre me ha preocupado, pues he tenido la sensaciòn de que no puedo tener una relaciòn estable,de cualquier ìndole.

Aunque pensàndolo bien y detenidamente hace algunos dìas, me di cuenta que sì puedo tener relaciones estables y que ademàs puedo ser fiel. ¿Còmo lo se? Pues, es el tipo de relaciones que he tenido con mis peluqueros.

En 32 años solo he tenido tres peluqueros. Con los tres he tenido relaciones super estables (de màs de 5 años cada una), nunca les he sido infiel (ni siquiera en casos extremos) y las relaciones han terminado cuando ellos se han marchado, han sido ellos los que me dejaron a mì.

Paso a contar. Mi primera peluquera fue Josefina, una mujer de Republica Dominicana. Ella peinaba a mi mamà desde que yo tenìa unos 10 años y siempre me dije que ella serìa la primera en mi vida. Y asì fue, a ella le entreguè mi cuero cabelludo por primera vez, para que me lo lavara, lo manipulara, en fin, para que hiciera con èl lo que quisiera. Con ella tuve mi primera permanente, con ella tuve mis primeras equivocaciones en materia de cabello. Era tan buena que hasta le perdonaba los errores que cometia. Con ella estuve feliz hasta los 21 años, cuando decidiò mudarse a Estados Unidos.

Desolada, comencè a recorrer un par de peluquerìas sin correr con suerte. La extrañaba en cada secado de cabello, en cada mal corte. Fue una mala època en mi vida.

Luego, volvì a enamorarme. Esta vez de Carlos. Un hombre maravilloso con el que volvi a creer en los tintes y en soltar la cabeza para entregarme a su maravilloso instrumento. Con èl vivì momentos maravillosos, me hizo moños, me acompañò el dìa de la boda de mi hermano, me hizo los mejores cortes que alguien jamàs me hubiera podido hacer. Todo iba muy bien hasta que decidiò mudarse a Estados Unidos. Una vez màs quedè en el aire... triste, acongojada y con el cabello hecho añicos.

Pasaron algunos meses y encontrè a Cèsar, el uruguayo. Con èl, me atrevì a ponerle color a mi cabeza, con èl volvì a sentir la màgica sensacion de una tijera que me cortaba y me daba placer. Con èl, estoy desde hace siete años. Y mientras no se vaya a Estados Unidos, me quedarè a su lado. De hecho, este año que he estado viviendo en Buenos Aires, no he dejado que me corten en cabello, es decir, he sido fiel. Y estoy esperando ansiosa volver a mi paìs para reencontrarme con este hombre.

Ahora que escribo esto me lleno de aliento. Sì puedo mantener relaciones estables en mi vida!!!! Mi cabello es una muestra de ello.

viernes, diciembre 01, 2006

Infierno verde

Hoy el infierno es verde. La tierra azul. El pasto rojo. Las rosas rojas son turquesa. El mundo es del color de quien los mira, decìa siempre Tomàs.

Tomàs no le contaba a nadie sobre còmo veìa las cosas, sobre eso de que veìa las cosas de colores diferentes. Creìa que nadie podrìa entenderlo y temìa que lo tildaran de loco. Todavìa recordaba cuando estaba en el colegio y la maestra lo castigaba por pintar el cielo de verde y el sol de violeta. "Ella no entendìa nada", pensò èl. Su madre era mucho màs paciente con èl, sabìa que su hijo tenìa esa extraña enfermedad de los ojos que afectaba a los hombres de esa familia.

Mientras Tomàs recordaba esto estaba en la cama. Las nubes de ese dìa dìa eran de color dorado, las palomas que revoloteaban el lugar eran rosadas. La sopa de tomate que se habìa tomado durante el mediodìa era marròn y el jugo de patilla, negro.

A Tomàs le habìa costado mucho encontrar amigos, ni hablar de estar en pareja. Eso de no ver los colores como los demàs, lo hacìa un ser muy particular al que pocos entendìan. El problema màs grave era que esa enfermedad sòlo afectaba a hombres. Y Tomàs todavìa no se habìa encontrado con alguno, al menos para compartir las penas bebiendo una vodka de color naranja con jugo de naranja color verde agua, en la barra de algùn bar.

En un momento, tuvo que hacer un glosario de colores. En un lado colocò los colores que veìan los demàs y en la otra columna escribiò los que èl veìa. El problema surgiò cuando los colores que iba registrando la vista de Tomàs cambiaban. Borraba y borraba la enorme lista que parecìa no tener final. Un dìa, decidiò dejar la lista a un lado.

Tomàs optò por disimular delante de todos. Se comportaba como un ser normal y se habìa programado para no pasar el semàforo cuando le aparecìa su verde, pues sabìa que a pesar de que èse era el color que èl veìa, no era el mismo que veìan los otros. Asì hacìa con todo. Le costaba mucho trabajo disimular, pero bueno, fue la ùnica manera de pertenecer a algùn grupo. Eso tambièn lo agotò.

En una etapa màs sombrìa, decidiò quedarse solo en su casa. Practicamente no salìa. Tomaba tè en las mañanas, mucha agua porque es transparente y cafè color vinotinto que se preparaba con leche plateada... Tampoco lo ayudò mucho esto de estar encerrado.

Asì que tomò una decisiòn màs dràstica. Decidiò dejar de ver. Se quitò la visiòn. Estaba seguro que ese dolor tan profundo de no tener ojos iba a ser recompensado con la idea de ser parecido a los demàs. Por fin iba a poder compartir una paleta de colores con los otros. Cuando una persona dijera que el sol era amarillo, èl podrìa verlo asì en su mente. "Estos ojos de mierda que no me servìan para nada", dijo con rabia y dolor.

Tomàs està ahora en la cama de un hospital. Su cuerpo se recupera, pero su vista no. El doctor le dijo a la madre que Tomàs se habìa convertido en un invidente. Tomàs seguìa adormecido por los calmantes que tuvieron que darle. Querìa abrir los ojos que ya no tenìa para darse cuenta que habìa logrado exitosamente su misiòn de "no ver". Lo que no calculò Tomàs es que aunque ya no tenìa ojos o vista, en su mente el infierno seguìa siendo verde, la tierra azul, el pasto rojo y las rosas rojas de color turquesa.

Para seguir leyendo...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...