viernes, octubre 16, 2009

El bueno y el malo. ¿Quién es quién?


Apuntes de Constelaciones Familiares:
El bueno y el malo. ¿Quién es quién?

Hay mandatos sociales. Hay, en teoría, cosas que se deben hacer y otras que NO se deben hacer. Están los llamados buenos y los llamados malos. Están los que reciben aplausos y los que son señalados por los demás. Mi pregunta es: ¿Quién tiene la razón? Otra pregunta: ¿Quién es el bueno y quién es el malo?

Gracias al trabajo y al aprendizaje que he tenido la suerte de ver y tener con Constelaciones Familiares, cada vez me paro menos a pensar en los buenos o los malos de las historias. Cada vez hay menos juicios ante lo que hace uno o el otro. Cada vez hay menos señalamientos.

Trato de mirar cada historia con ojos bien abiertos y sin dejarme de maravillar de lo grande que es el balance y la compensación en cada grupo, y de cómo se cumple una y otra vez, especialmente, cuando alguien queda excluido de la familia.

Del lado del “malo”

Cuando me cuentan una historia de alguien “malo”, una persona que se comporta “mal”, una persona que hace “lo peor”, un ser humano que “se sale de lo establecido”, mi primer pensamiento es: ¿A qué persona de su familia estará representando? ¿Con quién estará embrollado? ¿De dónde proviene este supuesto mal?

En este punto me recuerdo de Carola Castillo, quien en nuestra formación solía decirnos algo así como que cuando le mostraban al bueno y al malo, ella se sentaba al lado del malo, pues quizá los supuestos buenos eran más numerosos y quizá hacía falta alguien que se sentara junto al supuesto malo, lo mirara y le diera un lugar.

Y es que regularmente, ¿Qué hacemos con los malos? Los excluimos, los sacamos de nuestra vida, lo execramos de la familia, les dejamos de hablar. Y allí comienza o sigue el desbalance, dependiendo de la historia.

Por ejemplo, si vemos a dos hermanos: uno de ellos trabaja, estudia, es responsable, no se mete con nadie. El otro, es alcohólico, enfermo, quizá roba o es adicto. ¿Quién es el bueno? Respuesta rápida: el que no se mete con nadie. Quizá el otro sea el excluido, señalado, execrado, porque es el malo.

En la teoría de Constelaciones Familiares, cuando se trata de los hermanos, se dice que entre ellos, sin importar la cantidad, se reparte (por así decirlo), los temas de la familia, tanto los buenos como los menos buenos. Sin embargo, puede pasar que uno de ellos, generalmente el mayor, tome una mayor carga de los problemas; de esta manera, los otros hermanos quedan con menos carga, más livianos.

Lo anterior, aunque suene extraño, termina siendo un acto de amor, de lealtad. “Por ti, hermano y por mi familia, tomo esta carga. Te dejo más liviano a ti, más libre. Lo tomo yo antes de que lo tomes tú”, serían las palabras del hermano mayor.

Con esta mirada y tomando el caso anterior, vale preguntarse de nuevo: ¿Quién es el bueno y quién es el malo? ¿Quién lo hace mejor y quién lo hace peor? ¿Quién paga el precio más alto?

Mirar, asentir y honrar

Bajo esta perspectiva y con el ejemplo anterior, hay dos aspectos importantes a tomar en cuenta.

El primero, que el hermano “bueno”, pueda mirar y reconocer a su hermano “malo”. Que pueda asentir, aunque sea doloroso, a ese destino. Que pueda mirar que gracias a esta carga, él está un poco mejor. A veces es difícil, especialmente, cuando hay miedo, dolor, rabia e incluso puede haber una pregunta intrínseca: ¿Qué pasa que yo estoy “bien” y mi hermano está “mal”?.

Puede también darse el siguiente pensamiento: “Yo quiero que mi hermano esté bien”. Y detrás de esta frase hay un irrespeto al destino del otro. No se reconoce su carga y se le critica. Es paradójico y es lo que señala la teoría de Constelaciones Familiares.

La mirada que brinda solución entre estos dos hermanos es que el que está “bien” pueda mirar y honrar a su “hermano malo”, que pueda asentir a su destino. “Hermano, ahora puedo mirarte y puedo mirar lo que haces por mí. Honro tu destino, con amor y dolor. Y haré lo mejor que pueda con mi vida. Gracias por tomar esta carga por mí y por nuestra familia”, pudieran ser sus palabras de resolución.

Con esta resolución, no sólo puede cambiar la relación entre estos dos hermanos, sino también puede evitar las repeticiones en las siguientes generaciones.

Salir del embrollo

Personalmente, creo que asentir al destino de un ser amado puede ser difícil e incluso doloroso, especialmente si se trata de un destino con más carga. ¿Cómo asentir al cáncer de un familiar? ¿Cómo decir SI a un accidente de un ser querido? ¿Cómo honrar el destino de un adicto al que amo?

Lo anterior requiere de fuerza, de valentía, de dignidad. Es un reto a la arrogancia, a nuestra necesidad de querer cambiar lo que le sucede al otro y solo mirarlo sin intención.

Ahora bien, como decía al principio de este texto, al mirar un caso de víctimas y perpetradores, trato de observar quién falta y a quién podría estar representando el cliente o qué puede estar mirando que los demás miembros de su familia no ven.

Imaginemos el mismo “hermano malo”, el que está enfermo, es adicto o alcohólico. Éste, podría estar imitando el destino de un perpetrador de su familia o podría estar haciendo balance por una víctima de su familia que fue excluida por dolor.

Una solución posible para el sistema está en traer a la constelación a una víctima y su perpetrador de la familia con la que trabajamos. Sin importar necesariamente la generación con la que trabajemos, o si tenemos la información exacta de lo que sucedió en esa familia.

Sólo cuando la víctima y su perpetrador puedan encontrarse, el sistema tendrá un poco más de paz. Y esta persona, embrollada en su sistema, tendrá un poco más de libertad para elegir lo que decida desde otro lugar, con menos carga.

“Ahora puedo mirarlos. Junto en mi corazón y en mi alma a todas las víctimas y perpetradores de mi sistema. No puedo hacer nada por ustedes, es mucha carga para mí. Por favor, mírenme con cariño si lo hago diferente a ustedes, si dejo de ser el perpetrador o la víctima, si soy un poco feliz. Por favor.”

Cada familia es perfecta. Cada quien hace lo mejor que puede con su destino. A veces la carga es más pesada, a veces más liviana. Y siempre estamos unidos a los nuestros, más allá de quien sea el bueno o el malo. Todos cabemos. Todos tenemos un lugar.



Autora del texto: Raiza Ramirez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante, aunque un poco confuso. El hermano mayor tiene una carga y debe diculparse con el menor [el malo]para quitars esa carga?

Raiza Ramírez dijo...

Desde la mirada de Constelaciones Familiares, ningún miembro debe disculparse o pedir perdón a otro miembro de la familia, pues todos tienen derecho a pertenecer y todos tienen su lugar.
En este caso, lo ideal es que cada uno de los hermanos pueda ocupar su lugar sin tomar una carga que no le pertenece y ambos puedan mirarse desde este lugar.
Saludos,
Raiza

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