sábado, marzo 30, 2013

Formación en Constelaciones Familiares - Caracas 2013

Formación en
Constelaciones Familiares Cohorte 2013 - Caracas

Avalada por: Universidad Experimental de Guayana Centro Clínico de Atención Integral a la Familia (con sede en Puerto Ordaz)


TIEMPO DE DURACIÓN:
Tres meses. Nueve sesiones de trabajo. 80 horas académicas.

HORARIO PARA CARACAS: (según calendario anexo). De 8.30 a.m. a 4.30 p.m.

FECHAS DE INICIO Y CIERRE: 
Inicio: 8 de junio de 2013.
Cierre: 4 de agosto de 2013.

UBICACIÓN EN CARACAS: Urbanización Caurimare. Caracas. Referencia: cerca de la Clínica Metropolitana.


   
CONTENIDO TEMÁTICO DE LA FORMACIÓN
• ¿Qué es constelar?
• Base teórica. Los órdenes del amor.
• La buena y la mala conciencia. Todos queremos pertenecer o cómo se repite la historia.
• El balance: ¿quién es el bueno y quién es el malo?
• La percepción y su importancia para el trabajo.
• Fenomenología: lo obvio. Cómo trabajar con lo obvio y mis hipótesis al mismo tiempo.
• La entrevista. La búsqueda del tema. Armando el genograma.
• Los excluidos: buscando a los que faltan.
• La madre y del padre: el comienzo de la vida.
• Los hermanos, el orden, adopción, abortos.
• La pareja. Parejas previas.
• La enfermedad como camino.
• Constelaciones organizacionales.
• Constelaciones Estructurales.
• Frases de resolución.
• Análisis y trabajo de diferentes dinámicas familiares.
• Manejo de casos, prácticas y tutorías individuales.



REQUISITOS DE INGRESO Haber cursado alguna carrera universitaria. TSU o Pregrado. Entrevista personal, de tipo presencial o virtual.

PERFIL AL CULMINAR LA FORMACIÓN Durante el entrenamiento nos orientaremos a la transmisión y comprensión de los Órdenes del Amor y a desarrollar en los participantes la actitud necesaria para mirar sistémicamente a un paciente o cliente y ser capaces de armar y realizar constelaciones familiares. Se enseñarán las herramientas sistémicas y fenomenológicas a emplear en grupos y otros contextos.



DISTRIBUCIÓN ACADÉMICA

Fechas y temas de los encuentros:


MÓDULO I
Inicio:8  de junio  de 2013.
Finalización: 13 de julio de 2013.
Sesión 1: 8 de junio de 2013.
Tema: Presentación - Clase introductoria. Bases teóricas.
Sesión 2: 15 de junio  de 2013.
Tema: La madre y del padre: el comienzo de la vida.
Sesión 3: 22 de junio de 2013.
Tema: La pareja. Parejas previas.
Sesión 4: 29 de junio de 2013.
Tema: Los hermanos, el orden, adopción, abortos.
Sesión 5: 13 de julio de 2013.
Tema: La salud y la enfermedad.
MÓDULO II
Inicio: 20 de julio de 2013.
Finalización: 4 de agosto de 2013.
Sesión 620 de julio de 2013.
Tema: Constelaciones Estructurales.
Sesión 7: 27 de julio de 2013
Tema: Constelaciones Organizacionales
Sesión 8: 3de agosto de 2013
Tema: Práctica. Revisión de temas.
Sesión 9: 4 de agosto de 2013
Tema: Cierre. Entrega de certificado.

Para solicitar información sobre la inscripción: Envía un mail al siguiente correo electrónico: raizaramirez@gmail.com, con los siguientes datos: Nombre, teléfonos, ocupación y/o profesión y lo que te motiva a participar en esta formación. También puedes llamar a los siguientes teléfonos: +58 412-9631191 y +58-414 2841097




  Facilitadora de la Formación: Lic. Raiza Ramirez
Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. 
• Psicoterapeuta de la corriente Gestalt, formada en Venezuela, en IVEHO (Instituto Venezolano de Escuelas Holísticas) y en Argentina, en el CGSI (Centro Gestáltico San Isidro)
 • Terapeuta en Constelaciones Familiares. Egresada del Entrenamiento en Constelaciones Familiares del Instituto Bert Hellinger de Venezuela. 
 Coach Ontológico, certificada por Indelser (Venezuela) y la Universidad Central de Venezuela. 
• Redactora y colaboradora como especialista de diferentes revistas y medios de comunicación en temas de psicología y crecimiento personal
. • Facilitadora de talleres y seminarios de Crecimiento Personal. Docente de Gestalt.

viernes, marzo 29, 2013

Taller de Constelaciones Familires



“PASADO, PRESENTE Y FUTURO”



Sábado 18 de mayo de 2013
De 9 a.m. a 4 p.m.

Todos tenemos un pasado, un presente y un futuro. ¿Qué viene primero y qué queda para luego? Te invito a descubrirlo durante este taller.

Creo que las Constelaciones ­-familiares y estructurales-, como abordaje terapéutico nos podrán ayudar a observar juntos estos tiempos y ordenarlos para tu bien.

En este día de taller podremos mirar los embrollos sistémicos del pasado, ubicarnos en el ahora y también explorar lo que puede estar por venir.

Puedes traer tu tema ancestral y tu dilema o duda del ahora. Así trabajaremos en tres tiempos: el pasado, el presente y el futuro.

Nos reuniremos el sábado 18  de mayo en Caracas, para compartir desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde, en este taller vivencial de Constelaciones Familiares.

El taller es para un máximo de 15 personas.
Tomaremos entre los asistentes, los casos para las constelaciones.




LOS DATOS

Fecha y hora:
Sábado 18 de mayo d 2013, de 9 a.m. a 4 p.m.
Incluye refrigerio y almuerzo ligero.

Lugar:
Caurimare. Caracas.

Para apartar tu cupo o pedir información, llama al siguiente teléfono: 414-2841097 o escribir un correo a raizaramirez@gmail.com



Facilitadora:
Raiza Ramírez. Psicoterapeuta Gestáltica y Consteladora Familiar.


domingo, octubre 14, 2012

Sinergia en la pareja




Sinergia en la pareja

En temas de dos: la sinergia suma y la competencia resta.

El concepto de sinergia -según la Real Academia Española- indica: acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales.

Creo que es justamente este concepto de sinergia el que debe estar presente en el funcionamiento de una pareja. Sumar. Unirse. Lo mío y lo tuyo. Lo que yo tengo y lo que tú tienes. De tal manera que la suma sea mayor a lo que cada uno tiene que aportar. Al final, el bien común es la pareja y el crecimiento en conjunto.

Lo contrario sería la competencia. Tengo que colocar en la relación lo mismo que tú, tenemos que ser iguales, exagerar el 50% y 50%. Compararse. Ver qué tiene el otro y qué no tengo yo. O al revés, ver qué le falta al otro y qué tengo yo.

Hace poco me indicaron un ejemplo al respecto: “Si mi pareja sabe hablar inglés y yo no, qué bueno. Si vamos a Estados Unidos, no vamos a pasar trabajo, pues ella sabrá entenderse con los demás”. Esa es la visión desde la sinergia.

Desde la competencia sería algo así como: “Tengo que aprender a hablar inglés como mi pareja, para que podamos viajar tranquilos. Y si no lo hago, está mal y mejor no vamos de viaje.”

Cada persona que forma parte de la pareja tiene sus virtudes y sus defectos. Tendrá elementos que aportar al vínculo y tendrá otras dificultades, según su propia historia de 
vida. Ser idénticos no es posible. Es casi una ilusión. Colocar un exacto 50 y 50 parece también una ilusión.

Quizá el tema está en ver mis virtudes y aportarlas. Ver mis dificultades y asumirlas. Ver las virtudes del otro y apoyarme en ellas para crecer. Hacer que nuestros elementos positivos se unan, se sumen y se integren para un bien mayor: el conjunto, la pareja, los dos.

El reto es no competir. En todo caso, competir consigo mismo. Para mejorar y tener más para sumar al conjunto. Y unido a ello, no caer en la complacencia para que quien compite se sienta mejor.

Cada uno tiene algo que aportar. Cada uno tendrá algo bueno que entregar al vínculo. Y esa suma es lo que hará mejor la historia, lo que al final los hará crecer de la mano.


Raiza Ramírez

martes, octubre 09, 2012

La historia de Hugo y Henrique


La historia de Hugo y Henrique



Hugo era un hombre adulto. En su historia, su madre ocupaba un lugar importante. Se había criado solo con ella. Su padre era un desconocido, casi un fantasma, un ser que nunca estuvo presente físicamente.

Hugo tuvo varias mujeres a lo largo de su vida, pero hubo una que le quitó el sueño y el aliento. Se llamaba Venezuela. Era hermosa, fecunda, tenía todo lo que cualquier hombre pudiera desear, incluso más.

De ese amor intenso nacieron unos morochos: Hugo, se llamó uno, como su padre. Al otro, le pusieron Henrique (con H para que tuviera la inicial de su papá). Si bien los dos muchachitos tenían la misma edad y eran idénticos físicamente, eran completamente diferentes en su forma de ser. A Hugo papá esta diferencia lo desconcertaba. Y como no había tenido a su papá, le resultaba difícil ser papá.

Un ejemplo simple. Henrique, desde que tenía unos cinco meses, lograba agarrar el tetero con sus pequeñas manitas, lo sostenía y comía solito. Mientras que Hugo hijo, no lograba tomar la botella entre sus manos. Ahí era cuando su padre, los miraba a los dos y elegía hacer lo que le parecía mejor: ayudar al que no podía hacerlo solo y dejar al otro por su cuenta.

Nuevamente sucedió cuando los pequeños estaban aprendiendo a amarrarse las trenzas de sus zapatos. Henrique, un poco más independiente que Hugo hijo, se fijó bien cuando le explicaron cómo hacerlo y luego de varios intentos, pudo lograrlo. Al principio no fue fácil, pero insistió en hacerlo solo, en poder, en equivocarse varias veces, hasta que lo logró. Se amarró las trenzas de sus zapatos. Sonrió orgulloso de sí mismo. Se sentía importante. Y cuando fue a mostrarle a su papá lo que había logrado, encontró a Hugo papá amarrándole las trenzas a Hugo hijo. Hugo papá estaba ocupado con el hijo que más lo necesitaba y no le hizo caso a Henrique.

 “Necesito que me necesites”

A Hugo papá le gustaba sentirse necesitado por su hijo Hugo. Henrique le parecía a veces muy orgulloso, soberbio. Parecía que no lo necesitaba. Que podía hacerlo todo solo. Que él no tenía nada para mostrarle. Por eso, a veces, pasaba más tiempo con Hugo hijo: él sí lo necesitaba, le pedía, Hugo papá era útil para al menos uno de sus hijos.

Cuando los muchachitos comenzaron a leer, pasó algo parecido a lo narrado anteriormente. Henrique se fajaba en la mesa del comedor con el “ma, me, mi, mo, mu”. No siempre entendía, pero insistía. Hugo hijo, mientras tanto, estaba en el patio de la casa jugando metras o en el cuarto mirando tele. Esperaba a su papá para que lo ayudara con la lección. Por dos razones simples: primero, le parecía que no era tan inteligente como Henrique y que no podía solo; y segundo, su papá seguro lo iba a ayudar como lo hacía siempre.

Ya para ese momento, Hugo papá lo tenía claro: Henrique lo necesitaba menos que Hugo hijo. Por lo tanto, pasaba más tiempo con quien lo necesitaba más. Para sus adentros pensaba: “Cuando yo sea viejo, Hugo se quedará a mi lado. Me acompañará. Seguro Henrique se va y me deja solo”.

El rechazo

Hugo hijo comenzó a rechazar a su hermano Henrique. Si bien eran igualitos físicamente, usaban las mismas franelas y hasta los mismos juguetes, en la práctica, eran bien diferentes. A Hugo le daba rabia que Henrique supiera tanto, que parecía ser más inteligente. “Él tiene cosas que yo no tengo, él puede cosas que yo no puedo”, se decía para sus adentros. Y eso le daba rabia. Pero no le pidió ayuda a su hermano, ni aprendió de él. Hugo hijo se creyó la frase que escuchó muchas veces de la boca de su padre: “Deja eso Hugo, yo lo hago por ti, tú no sabes hacerlo, tú no puedes. Yo te ayudo”.

Henrique, por su parte, si bien sabía cosas y lograba arreglárselas por su cuenta muchas veces, prácticamente no tenía con quién compartir esos logros. Su papá solía estar siempre ocupado con su hermano morocho. Muchas veces se sintió excluido, fuera de lugar, poco querido. En algunos momentos llegó a pensar: “Será que tengo que hacerme el que no puede o el que no sabe hacer las cosas para que mi papá me haga caso?”.

Henrique también empezó a rechazar a su hermano. No entendía cómo otro ser (igualito a él) podía no saber, no poder, no hacer. No lo entendía. “Pero si no es tan difícil”, se decía para sus adentros. En el fondo, más allá de lo que pensaba, Henrique quería sentir que pertenecía a esa familia, que era uno más de ellos, que ser diferente no era sinónimo de exclusión. Pero esa sensación no llegaba, no aparecía. Henrique solía sentirse fuera de lugar.

Hugo papá también desarrolló rechazo por su hijo Henrique. No lo entendía. “Por qué no me necesita?”, se preguntaba. Por otra parte, este hijo le recordaba lo que él no pudo hacer de muchacho, lo que él no había logrado, esa independencia que él tampoco tuvo. Así que sin saber cómo tratar a su hijo Henrique, terminaba por hacer lo de siempre: rechazarlo, ignorarlo o aleccionarlo y, pasar más tiempo con Hugo hijo.
El tiempo hizo que esa casa se convirtiera en un espacio con dificultades para estar y vivir. La tensión entre los tres se hizo presente. Los mejores momentos pasaban cuando los Hugos podían compartir juntos sin Henrique.  Y para Henrique, cuando lograba estar a solas o salir un rato de la casa sin ellos.

La adolescencia

Los muchachos cumplieron 14 años. Entraron en la adolescencia. La dinámica familiar seguía igual. Poco había cambiado en todo ese tiempo. Hugo hijo seguía jugando en el patio o mirando tele, mientras su papá llegaba a ayudarlo con sus trabajos y tareas. Henrique, por su parte, seguía en la soledad de la mesa del comedor, tratando de entender los polinomios de las matemáticas de segundo año, decidido a sacar muy buenas notas y ser el mejor de su clase.

Henrique quería que las cosas cambiaran en su casa, en su familia. No sabía cómo, pero era lo que deseaba. Lo que Henrique soñaba era que Hugo papá o Hugo hijo cambiaran. Quería que su papá fuera un poco más atento con él, no que le hiciera las tareas, pero que al menos lo mirara hacerlas. Deseaba que su hermano fuese capaz de ser más independiente y que necesitara menos a papá. Pero mientras deseaba el cambio de los Hugos, él seguía haciendo lo mismo. Y nada cambiaba.

Hugo papá y Hugo hijo también deseaban que Henrique cambiara, que se pareciera más a ellos. Pero ellos tampoco hacían algo diferente. Así que todo seguía igual.
Henrique pensó muchas veces irse de su casa. Romper con todos los lazos que lo unían a ese padre y a ese hermano, de los cuales se sentía cada vez más alejado. Y al mismo tiempo sentía dolor, por él mismo y su necesidad de afecto y amor, e incluso sentía dolor por su madre Venezuela.

La resolución

La historia de esta familia aún no termina. Siguen inmersos en este círculo de alianzas entre los que “son iguales” y de rechazo entre los que “son diferentes”. Siguen pensando que quien debe cambiar es el otro. Siguen en sus mismas posturas.

La madre Venezuela los mira y suspira. A veces llora lágrimas de lluvia. A veces se enoja en fuego. A veces se cruza de brazos y dice “no hago nada más”. Ella sabe que es un tema de ellos tres. Ella los ama a todos por igual. Los reconoce. Los abraza cuando es necesario.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo papá pudiera mirar a sus dos hijos. Y si a ambos pudiera decirles: “Hijos, para mí está bien si lo hacen igual o diferente a mí. Ustedes pertenecen a este sistema. Ambos pertenecen”.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo papá dejara de hacer cosas para ser necesitado por el otro y confiara en los recursos de su hijo Hugo y en sus posibilidades. Sobre todo, si comenzara a confiar que su hijo lo amará igual si le hace la tarea o si no se la hace.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo hijo comienza a confiar en sí mismo y en sus recursos. Si deja de ser fiel a Hugo papá y le logra decir: “Papá, bendíceme si lo hago diferente a ti”.

Quizá las cosas cambiarían si Henrique asume su diferencia, su mala conciencia y sin culpa logra tomar su destino y hacer lo suyo. Quizá cambiaría todo si logra decirle a su padre: “Papá, me haces falta, tanta falta como te hizo tu papá a ti. Sonríeme si te necesito menos, si puedo solo, si soy feliz. Sé que a donde vaya, estás en mi corazón. Y te reconozco como el grande. Delante de ti, soy pequeño”.

Quizá las cosas cambiarían si Henrique mira a su hermano Hugo, a su morocho, a su igual y le dice: “Hermano, te veo. Veo el precio que has pagado para pertenecer a este sistema. Te honro por ese precio. Tú has pagado un precio más alto que el mío y recién lo puedo mirar. Te doy las gracias por ello. Y sigo mi camino más liviano. Mi camino diferente, mi destino”.
Al final, Hugo y Henrique son hermanos morochos. Paridos por la misma madre: Venezuela. Y ambos pertenecen al sistema, con buena o mala conciencia.

Escrito por: Raiza Ramírez

NOTA de la autora:
Este cuento es solo una analogía. Quizá escrita por mí para mí misma, empujada por la necesidad de cerrar internamente lo sucedido el 7 de octubre de 2012 con las elecciones presidenciales de Venezuela. No pretendo tener razón. Solo intento, a través de la metáfora y de la mirada sistémica, integrar dos fuerzas que están allí y que siguen desintegradas.
Hay algo que no miraba el domingo pasado que ahora comienzo a mirar. Si estas líneas te sirven, qué bueno. Si no, sigue de largo y encuentra otras que te hagan sentido.
Honro a mi Venezuela amada. A los que vinieron antes que Hugo y Henrique. A los que estamos ahora y somos Hugos y Henriques. A los que vendrán después, que ojalá, tengan algo de los morochos y logren tomar su vida y destino entre sus manos y caminar con un poco de paz por esta tierra bendita.
Raiza

miércoles, mayo 23, 2012

Volver a la luz



 Las luces se apagan. Todo queda en negro. Más que negro noche. Más que negro oscuro. Más que oscuridad total. Mis ojos no alcanzan a mirar. Tenerlos abiertos o cerrados da igual en ese punto. Siento miedo. Pánico más bien. No solo siento soledad intensa, sino que no tengo la menor idea de lo que está sucediendo a mi alrededor mientras la oscuridad de hace eterna, perenne.
No me ubico. No sé dónde estoy. Sé que estoy en un sitio conocido, familiar, amoroso y confiable, pero en esa oscuridad y ante ese silencio, todas esas características desaparecen y parecen un sueño infantil, casi tan sueño como San Nicolás o el Ratón Pérez.




Mis sentidos confundidos comienzan a dudar.  Desconocimiento. Desconfianza. Miedo. Dudas. Interrogantes. No sé. "Qué pasó?", pregunta mi mente una y otra vez. Mi corazón late y no sabe qué responder. Él sabe que algo no está bien, pero como no piensa, no logra coordinar una frase coherente. Más bien desea un poco de luz, aunque sea tenue, suave, breve. Sigue pasando el tiempo. Minutos? Horas? Días? No lo sé. El tiempo es eterno e indescifrable en la oscuridad. Mi mente trata de calmarse. "Piensa en una imagen que te genere bienestar", me dice en tono de maestra comprensiva. Y lo único que se asoma dentro de mi cabeza es un rayo de sol que todo lo ilumina. Asi que quedo en las mismas, deseando lo que no tengo en este momento. Lo que no puedo tener. Lo que no logro encontrar. Lo que no depende de mí. Lo incontrolable. Mis emociones hacen amagos para arreglar el entuerto. No lo logran. Mi corazón sigue latiendo y en esos sonidos indica su saber: "nada está bien". Mi mente maquina, echa para atrás la película, inventa planes, estrategias, solventa en su inteligencia, estructura, sale de la noche. Y cuando abro los ojos, sigue tan oscuro como antes.

 

 En un momento. No sé si temprano o tarde, si demasiado tarde o en el momento exacto, brilla una pequeña luz. Tímida, casi imperceptible, pequeña, suave, amarilla. Se va asomando y comienza a inundar el espacio. No atropella. Entra más bien como si fuera el primer día de clases y está llegando como alumna nueva. Callada. Silente. Luz. Mis ojos, aún confundidos, no saben bien lo que pasa. El alrededor resulta borroso, cuesta enfocar. Mi mente entiende que está regresando la luz, sus planes y estrategias no sirvieron para nada. Mi corazón siente algo de paz, solo algo. Mis emociones dudan, siguen temerosas. Me cuesta reacostumbrarme a la luz. Casi con precaución y como un ruego, solicito a la luz que entre con cuidado, que no me ciegue, que no me atropelle. No lo hace. Pero en mi malestar me confundo y me siento vulnerable ante ella. Pienso que pueda marcharse de nuevo. Y no sé dónde está el interruptor. Me toca buscar lentes de sol. Aclimatarme. Aquietarme. El tema no es que vuelva la luz, ahora soy yo la que tengo que volver hacia ella. Y necesito mi propio tiempo para que eso pase. Mi propio camino. Recorro el espacio con suavidad. Como quien mira sin desear ser vista. Como quien regresa de una guerra, de un sufrimiento, de un pesar, de la oscuridad. Mi cuerpo necesitar hacer contacto con todos los elementos a mi alrededor, observar si algo cambió de lugar, si falta una lámpara, un cuadro, una mesa. Si la silla está en otro lugar y si mi café sigue sobre la mesa en la que lo dejé. Y eso, se lleva un tiempo. Poco a poco regresa la paz. Mi corazón se sobresalta si escucha un ruido, imaginario o real. Teme regresar a la oscuridad. Mis emociones necesitan calor, reposo, quietud y suavidad. Mi mente se queda alerta a ratos, pendiente de su alrededor.

 


 Solo un tiempo después, cuando mente, corazón y emociones logran sentarse juntas en el mismo sillón, es que regresa la paz. En silencio, deseo que la luz dure un buen rato y que la próxima vez que haya oscuridad, encuentre una linterna en mi bolsillo o en mi corazón.

Raiza

jueves, enero 12, 2012

Querido Ismael, Gracias Ismael

Querido Ismael.


Hace exactamente tres meses te vi en concierto en la ciudad de Caracas. El tour se llamaba "Acuérdate de vivir". En principio, solo tocarías el 11 de octubre, pero nos regalaste un concierto más el día 12.


Desde el 2006, cuando escuché tus primeras canciones, me sentí tocada por tu música, por tus letras y metáforas. Lo que no me imaginé Ismael, es que te recordaría por ayudarme a reencontrarme con el amor.


Te cuento Ismael. Me enteré por casualidad que venías a Venezuela. Era un viernes en la noche. El sábado antes de mediodía ya había comprado una entrada para el concierto del 11 de octubre. Aún faltaban meses para la fecha esperada. Yo estaba emocionada. Feliz. Te iba a ver en vivo! Pero qué me iba a imaginar yo que ese 11 de octubre, todo cambiaría - para BIEN - en mis días y en mis noches.


Llegó el día del concierto. Estaba feliz. Te iba a ver. El día esperado desde 2006 había llegado. También había llegado el día más esperado de mi vida, pero yo aún no lo sabía. La ignorancia es a veces un gran regalo.


Llegué temprano al teatro. Caminé entre la gente. Esperaba a unos amigos. Imaginaba que me encontraría con algunos conocidos fanáticos de tu música. No contaba encontrarme con él. No lo tenía ni previsto ni calculado, pero quizá mi corazón si había dispuesto espacio para este abrazo que fue el primero de una nueva etapa.


Ya mucha gente había llegado. No sé qué hora era. Yo estaba hablando con alguien. Y de pronto, como si un hilo me moviera la cabeza, mis ojos se dirigieron hacia la derecha. Él venía entrando. Con su caminar acostumbrado, con su corbata hermosa y su olor profundo y perfecto. Lo vi a la distancia y me sonreí sin darme cuenta. Te cuento Ismael, que salí corriendo a saludarlo. Él también ya me había visto a lo lejos. Creo que me tiré en sus brazos. Tiempo sin verlo. Sin olerlo. Sin decirle "Qué bella tu corbata". Como siempre, mis palabras salieron a mil por hora, le hice cien preguntas en dos minutos. Y él me contestó todo con su paz y su calidez de siempre. Ese encuentro mínimo duró unos minutos. Y cambió todo. Aunque yo aún no lo sabía.


Comenzamos a entrar a la sala de conciertos. Mi puesto estaba en la primera fila. El de él, como en la diez. No nos vimos en todo el concierto. Solo te vimos a ti. Yo canté tus canciones, me emocioné hasta rabiar, te tomé fotos. Fui feliz viéndote y disfrutándote. Sin saber que meses después te escribiría esta carta para darte las gracias. No solo por venir a cantar, sino por haber sido una suerte de cupido inconsciente, ignorante y mágico de dos almas que llegaron separadas y se fueron juntas esa noche.


Al salir, casi tres horas más tarde, él y yo, compartimos impresiones. Y quedamos en hablar en otro momento. Sin fechas ni mayores acuerdos.


El 12, día feriado en mi país, fue tu segundo concierto. El último. Otra oportunidad para verte. El azar y la tecnología me ayudaron. Y en cuestión de minutos me había ganado dos entradas para verte de nuevo. No podía creer mi suerte. Pero ganarme las entradas fue solo el preludio de lo bueno, de lo maravilloso, de lo grandioso, de lo hermoso. Solo fue la obertura de la pieza magistral que escucho en mi mente y en mi corazón desde hace tres meses Ismael.


Te cuento que lo invité a él. Me atreví. Ni siquiera lo pensé. Solo le dije "Me gané dos entradas para el concierto de hoy. Te animas a ir conmigo?". Su respuesta fue la mejor: "Por supuesto que voy contigo". Y fuimos Ismael. Ahora sí, sentados uno al lado del otro. Cantando al unísono tus canciones. Viviendo por segunda vez la experiencia, pero ahora juntos. Sin saber el camino que comenzaríamos a recorrer. Sin saberlo. Ignorantes de nuevo. Maravillosamente ignorantes.


Nos despedimos sin promesas y con un abrazo. Y esa noche, en medio de un centro comercial cercano al teatro cambió todo. La lluvia del día anterior comenzó a calarme entre los huesos sin elegirla, la música comenzó a bailarme adentro al son de las canciones que él me ha dedicado y cantado en estos meses, los besos llegaron y siguen llegando cada día, el amor se instaló como una mariposa en mi brazo, la sensación de verdad, certeza, confianza y luz están presentes desde ese día.


Y no me queda otra que agradecerte Ismael. Por venir a Caracas, por tocar en mi tierra y por haberme ayudado sin querer a tropezarme con él, el amor de mi vida entera.


Raiza


NOTA MENTAL: Esta carta tiene dos destinatarios. El primero, Ismael Serrano, cantautor de Madrid, al que admiro profundamente. El segundo, a mi queridísimo novio, al que día a día aprendo a amar de una manera diferente y precisa.





domingo, octubre 30, 2011

Qué difícil!


Qué difícil cada chao. Qué difícil cada despedida. Cada último beso del día, de la noche o de la tarde.
Qué difícil no dejarte mi corazón en consignación en cada encuentro.
Qué difícil no perderme en tu aliento.
Qué difícil olvidar tu olor. El roce de tus manos por mi cabello, o los besos que mis manos reciben de tu boca y que las hace sentir acariciadas y felices.
Es difícil no cerrar los ojos ante el abrazo. Es difícil no suspirar cerca de ti. Es difícil no sentir que el corazón estalla dentro de mí con cada segundo que pasa.
Qué difícil no quedarme. O no dejarte irte.
Es muy difícil no derretirme, diluirme, o no entregarme ante cada palabra, gesto, mirada o momento de risa.
Qué difícil no ceder ante la causalidad y sus mensajes.
Qué difícil es dejar de sonreír cada vez que te recuerdo.
Qué dificil  es no quererte cada día más.

Es difícil marcharme a solas. Solo lo hace más fácil la seguridad del próximo beso, de la próxima mirada y de la siguiente sorpresa. Solo lo hace más fácil, la seguridad que tiene mi alma de que a pesar de la distancia entre tu cama y la mía... hay una distancia interna que ya no es tal.

Es difícil, cada vez más difícil el último beso del día, de la noche o de la tarde.




lunes, octubre 24, 2011

Bienvenidas mariposas



Estando en Cataratas de Iguazú, vi una cantidad de mariposas que nunca había visto en mi vida. No parecían parte de  la naturaleza, parecían más bien otros visitantes más del parque. Ellas se montaban en los trenes, caminaban a nuestro lado, se sentaban en las banquetas verdes para descansar.

Una de ellas, creo que la más lanzada del grupo, se detuvo en mi brazo. Suave, delicada, gentil, casi imperceptible y, al mismo tiempo, hermosa, imponente, bella, presente, total.

Así me siento ahora. Exactamente así. Como cuando esa mariposa se detuvo a vivir unos segundos en mi brazo. Y logramos convivir juntas de una manera suave y sutil. Como quien sabe perfectamente que “algo” hermoso llegó y al mismo tiempo que nada pesa, que sus patas aterrizaron suavemente y sus colores se hacen notar.

Estoy embebida. Tomada. Con tal sutileza que parece que “nada” estuviera sucediendo. Y al mismo tiempo, estoy tomada, embebida y “todo” está sucediendo.



Bienvenidas mariposas.

jueves, agosto 18, 2011

Taller de Constelaciones Familiares - Hacia dónde mira tu alma? - 10 sep 2011

Taller de Constelaciones Familiares



“¿Hacia dónde mira mi alma?”
10 de septiembre de 2011

Platón escribió: “Ante todo es necesario cuidar del alma si se quiere que la cabeza y el resto del cuerpo funcionen correctamente”. Por ello las preguntas: ¿Hacia dónde mira mi alma? ¿Qué tan conectada está con mi cuerpo y mi mente? ¿Mi alma vive en el pasado, en el presente o en el futuro? ¿Hacia dónde mira mi alma?

La invitación, en esta oportunidad va dirigida a contestar juntos estas preguntas. Chequear, revisar, mirar, observar, sentir y asentir.

Si miro a quien no está, ¿me miro a mí?

Si ocupo el lugar de otro, ¿mi alma está en “su sitio”?

Si tomo el destino de quien fue excluido, ¿hacia dónde mira mi alma?

Trabajaremos el sábado 10 de septiembre. Haremos Constelaciones Familiares. Nos apoyaremos mutuamente en nuestra alma conjunta. Veremos en cada sistema algo que me ayude. Buscaremos excluidos y le daremos su lugar. Miraremos al alma y veremos qué tiene que mostrarnos.

Estás invitad@ para descubrir hacia dónde mira tu alma.

“No hagas de tu cuerpo la tumba de tu alma”
S. Giardullo




Fecha: Sábado 10 de septiembre de 2011.

Hora: De 9:00 a.m. a 4.00 p.m.

Lugar: Banco del Libro. Altamira. Caracas. Venezuela.

Para pedir información y apartar tu cupo:
Llama a los siguientes teléfonos: 414-2788522 / 412-9631191 o escribe un mail a raizaramirez@gmail.com





Facilitadora: Raiza Ramírez. Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares.
Mail: raizaramirez@gmail.com
Web: http://gestaltvenezuela.blogspot.com

domingo, julio 03, 2011

La gerencia al estilo del elefante encadenado


Hay un cuento que me gusta mucho que se llama "El elefante encadenado" (publicado en este blog en febrero de 2009, en el siguiente link http://rairam.blogspot.com/2009/02/el-elefante-encadenado.html)

El cuento narra cómo un elefante muy grande termina por creer que NO PUEDE arrancar la cadena que lo ata, por una simple razón: cuando era un infante, lo intentó y no pudo. Y pasado el tiempo, terminó por creer que ya no puede más.

Uso esta analogía como referencia a lo que veo ahora en mi país, ante la "ausencia física" del presidente Chávez.

Tengo la sensación de que este estilo de mando que ha tenido el presidente durante todos sus mandatos, lejos de hacerle bien a su propia gente, los ha disminuido. Ellos, sus ministros, sus diputados, sus funcionarios y sus mismos seguidores, son como este elefante encadenado. Creen que no pueden solos, creen que no pueden arrancar esa cadena ni ese clavo que los ata al suelo. Necesitan a "su amo", a quien los encadenó para que ahora los libere. Y eso me resulta triste.

Un ejemplo de ello es la necesidad constante de nombrarlo en cada discurso o palabra que se emite. O la necesidad de colocar su retrato a como dé lugar en cualquier acto, oficial o no. Necesitan la presencia del amo, porque sin él, no pueden seguir caminando. Al menos, eso es lo que parece desde afuera.

Es una forma triste de gerenciar un país. De manejar una historia.

Lo que quizá sería más triste es que la oposición caiga en este mismo rol y se convierta en un elefante encadenado más. Un gran animal que no puede avanzar porque el que manda en el circo no se encuentra presente.

Qué hará falta? Que nos creamos que somos animales más grandes, crecidos y posibles? Que creamos que ya somos adultos y podemos caminar por nuestra cuenta? Que pensemos que SI PODEMOS?

Si quieres leer el cuento del Elefante Encadenado, haz CLIC AQUÍ.

Raiza Ramírez
3 de julio de 2011
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