sábado, septiembre 03, 2016

Bebé Gestalt



Soy periodista, Coach ontológico, Consteladora familiar, esposa, Gestaltista. No en ese orden, ni en tiempo, ni en relevancia. Y en el presente, por sobre todas las cosas soy MAMÁ. Ese es mi "cargo premium" del momento y el que estoy ejerciendo con más amor, orgullo y felicidad. 

Tengo una bebé hermosa de casi 10 meses. Una niña fabricaba con ingredientes venezolanos y gestada y nacida en tierras argentinas. Se llama Elizabeth y desde que se instaló en mí, comenzó a darme grandes lecciones. (Calculo que faltan un montón) 

Mi embarazo, de 8 meses, fue idílico. Maravilloso. Sin quejas. Físicamente me sentí muy bien. Emocionalmente me sentía despierta, alerta y fuerte. Y en un plano más profundo, sentí una apertura y una conexión conmigo y con el otro que fue nueva y maravillosa. Esa conexión ha seguido activa y presente. 

Elizabeth nació prematura. De 36 semanas. Yo sabía que ella iba a llegar antes. Simplemente lo sabía. Desde que decidió llegar hasta el momento que me la vi aparecer por mi vientre, pasaron apenas tres horas. En 180 minutos pasé de estar muy embarazada a tener una bebé entre mis brazos. 

Ya han pasado 9 meses (vamos camino al 10) desde que nos encontramos piel a piel la primera vez. Y ha sido un tiempo variado en experiencias y emociones. A veces más arriba, a veces más abajo. A veces con dudas. A veces con miedos. A veces (muchas veces) con alegría y ternura. Cuando llegué a la casa luego de que nos dieran el alta en la clínica me dije: "Esto es para siempre. Para siempre mientras dure. Y es para siempre". La frase salió con amor y un susto profundo. 

Desde el principio de nuestros días de madre e hija, me he fijado mucho en Elizabeth. Sus maneras. Sus miradas. Su forma de respirar. Cómo llora. Sus sonrisas. Sus posturas. Sus caritas y sus formas. Y si bien ha cambiado un montón, justo está en esa etapa en la que quiere ponerse de pie todo el tiempo en todas partes, hay un "no se qué" que la hace única, que la hace ella y la hace especial. Ella es ella y punto. No hay nada más que hacer o decir. 

Elizabeth es una "bebé gestáltica" 

Día a día, semana a semana, mes a mes, mi chiquita se ha convertido en mi mejor maestra de Psicoterpia Gestalt. En muchas experiencias cotidianas me conecto con Perls y su teoría de ser y estar en el mundo, me conecto con mi primera terapeuta y sus enseñanzas, con mis profesoras de Venezuela y mis maestros de Argentina. Me conecto con los que fueron mis pacientes en el pasado, con los que lo son ahora y con quienes fueron mis alumnos. Todo está resumido en este "paquetico" de 9 kilos de peso y ojos achinados. 

Elizabeth es una niña gestáltica. Cómo lo se? Simple. Mirándola, sin juicios y con curiosidad. Observándola en su estar en el mundo. 

Algunas pistas:
1. Está centrada en el su AQUÍ Y AHORA.
2. Es capaz de hacer AJUSTES CREATIVOS todas las veces que hagan falta.
3. Logra conectarse con su NECESIDAD y sostener esa FIGURA.
4.  Confía y está disponible para el CONTACTO.
5. Y al mismo tiempo, coloca LÍMITES asertivamente y te hace saber (sin manipulaciones de parte y parte) lo que sí está bien para ella y lo que no.
6. Su AUTENTICIDAD está presente en cada segundo. Lo que la hace reir, la hace reir. Lo que no, simplemente no lo hace.


Y yo, solo la puedo observar, con la boca abierta, maravillada y agradecida por contar con tan hermosa maestra.

Ahora viene mi trabajo

Ahora me toca a mí. Ya fui paciente de una terapeuta gestáltica. Ya fui estudiante de Gestalt. Ya fui aprendiz (aunque nunca se deja de serlo). Ya acompañé pacientes. Ya trabajé con personas en sus procesos de aprendizaje. Ya leí a Perls y otros autores. Ya escribí artículos sobre La Gestalt y la vida.

Ahora el reto es todo un señor reto. Ir siendo una mamá gestáltica. Y digo "ir siendo" porque es un aprendizaje diario. Una tarea constante. Un recordatorio permanente. No una obligación. Sino una posibilidad abierta.

Cómo lograr esto? Se me ocurren algunas ideas.

1. Integrando en mi ser que YO soy YO y ELLA es ELLA.
2. Diferenciando mis NECESIDADES de las de mi hija.
3. Reconociendo mis INTROYECTOS O MANDAROS para no proyectarlos sobre ella.
4. Fijándome más en lo OBVIO que en mis imaginarios.
5. Exigiéndome menos protocolo maternal y conectándome con mi ser madre más auténtico.



Lo que se viene
Dada la enriquecedora experiencia ésta de ser mamá y compartir mi día a día con una bebé gestáltica, quiero compartir la vivencia (desde la teoría y la práctica) con todos.  Voy a dictar una charla/conferencia sobre el tema. Lo quiero hacer presencial y vía web.

Pronto compartiré más detalles de lo que viene. Mientras tanto, cualquier pregunta, comentario o idea, es bienvenido. Escríbeme a raizaramirez@gmail.com




Autor del texto: Raiza Ramirez
Gestaltista. Consteladora familiar. Coach lntológico.
Periodista. Esposa y MAMÁ.

jueves, febrero 25, 2016

Venezuela y su quiebre


La búsqueda de una transparencia 3

El Coaching Ontológico habla del QUIEBRE como un aspecto fundamental de la vida de los seres humanos. Todos lo vivimos en determinado momento, todos experimentamos quiebres y cada uno puede ser de diferente tamaño, características o tocar diferentes dominios de nuestra existencia.

La noción de quiebre se puede explicar de la siguiente manera: La persona se encuentra en una transparencia 1, momento fluido, tranquilo, en el que se puede decir que tiene las cosas “bajo control”. Viene el QUIEBRE, que no es más la ruptura de esa transparencia.

El quiebre puede ser buscado o puede sucederle a la persona de manera inesperada. De cualquier manera, pase como pase, en el área que pase y con las cualidades que tenga esta transparencia rota, el organismo se moviliza, puede que no comprenda lo que le sucede o que, simplemente, necesite un tiempo para procesar esto de salir de la transparencia a un sitio desconocido para él.

Desde que ocurre el QUIEBRE, debe pasar un tiempo hasta llegar a lo que se denomina la transparencia 2, un segundo punto fluido, de tranquilidad, en donde todo puede parecer estar de nuevo “bajo control”. La transparencia 2 se mantendrá en vigencia hasta que se experimente un nuevo quiebre.

Así que el ser humano vive de quiebre en quiebre. Y su trabajo es reconstruir su transparencia nueva y seguir adelante.

Es MUY IMPORTANTE destacar que ninguna transparencia vuelve a ser igual a la anterior, dicho de otra manera, el quiebre cambiar la realidad tal y como la conocemos, no necesariamente hacia peor, puede que hacia mejor. Lo que sí es seguro es que la CAMBIA.

El quiebre de Venezuela HOY

Tengo una foto mental de mi país en este momento: QUIEBRE. Un quiebre importante, fundamental, transcendental. Observo a personas en ese limbo que implica el quiebre, sin saber bien dónde se encuentran y sabiendo que desearían estar en otro lugar o de otra manera.

Y cuando hablo de personas, me refiero tanto a las que se dicen opositoras, como a los que se llaman afectos al gobierno. Ciudadanos  de a pie y personas con poder. Me refiero al colectivo.  Y si bien es una generalización, es el resultado de mi ser observador con la intención de entender a mi tierra y tratar de dar un aporte a un tema tan complejo.
Veámoslo por partes.

Los afectos al gobierno. Tenían una transparencia 1 (la cuarta república) que no les gustaba y que criticaban. Uno de sus quiebres pudo estar en la intentona golpista del 4F. Y con la aparición de un nuevo líder, pudieron armar una segunda transparencia, que les resultaba mejor que la anterior.

En el tiempo, ha habido muchos más quiebres para todos. Y quizá el detalle donde se complica la historia, es que los afectos al gobierno intentan sostener una transparencia que está, por decir lo menos, resquebrajada, si no está rota por completo. Y además, parecen no tener noción de la existencia de un quiebre (un ejemplo de quiebre, el resultado de las pasadas elecciones del 6D de 2015)

Ellos, en su afán por sostener lo que pueden considerar mejor desde su punto de vista, se agarran a esa transparencia 2, rechazando la transparencia 1 y con temor a la sola idea de volver a ese viejo escenario.

Los opositores. Un poco de lo mismo. Su transparencia 1 no era mala para ellos, era sostenible y posible. Vino el quiebre y todos los quiebres posteriores. Y esta transparencia 2, no es tal transparencia para ellos. Nunca se han sentido cómodos en la nueva situación. Me atrevería decir que han vivido en la sensación de quiebre desde 1999 hasta ahora. Y su trabajo o sus energías, han estado enfocadas en volver (a como dé lugar) a la transparencia 1 (una muestra de ello: los eventos del 12 y 13 de abril y el decreto de Carmona)

Este deseo de volver a la transparencia 1 y el rechazo de la transparencia 2, no ha colaborado en la posibilidad de crear una nueva realidad.

La lucha. Entonces, la tensión extrema entre unos y otros tiene el mismo objetivo: conservar la transparencia que les conviene o que desean o que sienten les hace bien. Y ahí es donde estamos trabados como país. Porque, como explicaba antes: luego de un QUIEBRE, NUNCA se puede volver a la misma transparencia. O mejor dicho, luego de un QUIEBRE, TODO cambia.

Si la oposición intenta volver a la transparencia 1, tal y como la conoció, comete un error. Y si los seguidores del gobierno, quieren sostener una transparencia 2 que no es tal y no asumen la existencia del quiebre, cometen también un error.

¿Posibles soluciones? 

· * Que ambas partes puedan asumir la noción de QUIEBRE. Entender que el país vive un quiebre y que todos los habitantes lo sufren con él.
· * Entender que la transparencia previa al QUIEBRE, no va a volver. Y al mismo tiempo, entender que luego del QUIEBRE, hay que construir una nueva transparencia.
· * Que este es un tema colectivo que pasa por lo individual. Es decir, que si yo empiezo a mirar las cosas de una manera diferente y a actuar en coherencia con ello, es posible que mi sistema comience a cambiar también.
· * Comenzar a construir la transparencia 3. Eso es: ni el pasado que es rechazado, ni el presente que es rechazado, sino un futuro posible para ambas visiones del país.

Autor del texto: Raiza Ramírez.
Periodista, Gestaltista, Coach Ontológico y Consteladora Familiar.


Nota del autor: Lo que pretendo hacer con este texto es una metáfora para tratar de entender a mi país. Es un atrevimiento de mi parte, digamos. No es una verdad lo que proclamo, sólo es un punto de vista, a la luz de la teoría del Coaching Ontológico, que me ayuda en el intento de entender este proceso y de dar algún aporte a esta situación complicada y que nos arropa a todos los venezolanos.



lunes, febrero 22, 2016

Sobre la responsabilidad
Cómo poder responder sin quedar desprotegido



Siempre recuerdo que una profesora de Gestalt nos decía una y otra vez que la RESPONSABILIDAD significaba “la capacidad de responder” de cada individuo.
Es decir, no se trata de ser bueno o pagar las cuentas a tiempo, se trata de hacernos cargo de lo nuestro, de nuestras necesidades y de la forma de satisfacer esas necesidades, e incluso la posibilidad de frustrarnos cuando no puedo satisfacerla en ese momento.

Todos los seres humanos nacen con la posibilidad de ser responsables. Los organismos están capacitados para detectar sus necesidades y buscar los recursos para intentar satisfacerlas.

Pero, ¿Qué pasa que esa capacidad se pierde en el tiempo?

Pongamos un ejemplo. Este es un adolescente que tuvo que retirarse de un círculo social de conocidos y amigos. No lo hizo por deseo, lo hizo por una situación familiar. En ese momento, a sus 15 años, no tenía recursos suficientes para encarar el tema de frente, diciendo lo que pasaba en realidad. Tampoco tenía los recursos suficientes para “dar la espalda” a su familia y quedarse con estos amigos. Su mundo, ante esta situación, sufrió un quiebre importante: perdió un espacio importante de su vida y no pudo hacer nada para que esto no pasara.

Lo que se presenta como una interrupción del contacto o una interrupción para alcanzar la satisfacción de una necesidad, se convierte en una situación abierta para esta persona. Y el organismo, en su deseo de cerrar este ciclo abierto, puede repetir situaciones en las que esta persona fantasea sobre perderlo todo.  Entonces la forma en la que el organismo de este hombre encuentra algo de balance, es exponiéndose poco o nada, arriesgándose poco o nada en situaciones emocionales, colocándose una capa emocional para no mostrar lo que lleva por dentro.

De esta manera, está seguro que no va a “perder” lo que le pertenece ni va a pasar algún otro momento de pérdida emocional. Solo que de esta manera tampoco podrá sumar o ganar aspectos positivos a su vida.

En el ejemplo citado, ya el adolescente creció y ahora es un hombre de 35 años. Comienza a hacer terapia cuando se da cuenta lo mucho que se le dificultan los cambios en su vida.

En el paso del tiempo, se ha dado cuenta que cambiar no es solo cambiar, significa exponerse, para poder alcanzar una meta o satisfacer una necesidad. Y que su dificultad, justamente reside en hacerse cargo de este vacío que implica salir al mundo a satisfacer sus necesidades, sabiendo que puede ser que no lo logre.

El tiempo lo lleva a saber que más allá de lo que ha llamado su “dificultad para cambiar” no es más que una forma que tiene su organismo de protegerlo de ese dolor y ese quiebre que vivió en el pasado y que no ha logrado superar o cerrar.

Cuando logra entender que el organismo lo que hace es “defenderse”, puede encarar el tema de otra manera. Sabe que su temor fundamental es sentir que puede perderlo todo, así que puede optar por una responsabilidad medida. ¿Qué significa esto? Usar sus recursos con medida, de manera racionada, sin colocar toda la carne en el asador y al mismo tiempo, permitiéndose asar una parte y ver qué resultados obtiene.

El cuerpo necesita readaptarse a exponerse de manera paulatina. Comprender que el riesgo medido no es sinónimo necesario de perder, que también puede ganar, aunque sea en experiencia y en gozo. Y que la frustración también es una forma de transitar ciertos momentos.

Un organismo no es mejor porque logra TODO lo que se proponga. Es más maduro en la medida que sabe frustrarse cuando no alcanza una meta y puede ajustar sus acciones y seguir intentándolo.


Autor del texto: Raiza Ramírez.
Periodista, Gestaltista, Coach Ontológico y Consteladora Familiar.

miércoles, enero 13, 2016

Palabras de resolución: de los hijos a los padres

Las palabras de resolución son esas frases que se dicen en una Constelación y que ayudan a solucionar o sanar el sistema familiar.

 Lo más importante de estas palabras es que a la persona que hace la constelación le hagan sentido o "clic" por dentro.

Y hay otra cualidad importante: que sirvan para todo el sistema.

Las siguientes son frases de resolución que los hijos podrían decir a los padres.

Les invito a leerlas, repetirlas y fijarse si les hace sentido en su corazón.


 Raiza Ramírez



 





miércoles, enero 06, 2016

¿Una constelación tiene siempre un "FINAL FELIZ"?





Hace poco me hicieron esta pregunta y me pareció muy interesante. 

Y la respuesta es NO. No siempre una Constelación tiene un final "feliz", ordenado, correcto o de libro. 

Si bien la Constelación busca ordenar la imagen interna que tiene el cliente de su familia y su propia historia dentro del su grupo familiar, también es necesario tener en cuenta que el paciente va a mirar lo que pueda como pueda. Y llegará hasta donde su alma, su mente y cuerpo lo permitan en ese momento. 

A veces una Constelación sirve para generar un movimiento interno en la persona, quien luego de la terapia, decide hacer algún cambio en su vida o modificar cómo ha venido haciendo las cosas hasta ese momento. 







A veces una Constelación funciona como una imagen para darnos cuenta de una situación determinada. Y no necesariamente soluciona o la persona se siente en paz al finalizar la constelción. Funciona como un movimiento para que la persona realice otro movimiento. 

A veces la persona no entiende (racionalmente) su constelación. No logra comprender la imagen o no lo hace sentido. Personalmente, creo que aunque no parezca tener sentido en el momento, es necesario confiar, en el momento, en la familia, en si mismos, confiar y dejar que el tiempo haga su parte. 








Y bueno, por supuesto hay movimientos de "final feliz". Emocionantes y emocionales. Redondas. Y se agradecen, como todas las demás. El mejor trabajo que puede hacer un constelador es rendirse ante el sistema para el que trabaja, que siempre será más grande que él como individuo. 














Autor del texto: Raiza Ramírez.

Madres ausentes o poco presentes.



Una madre puede estar viva y al lado de sus hijos e igualmente puede estar ausente del vínculo. Una madre puede darle la vida a un hijo, criarlo, sostenerlo y no estar disponible para su(s) hijo(s)
El hijo lo puede vivir con dolor o con rabia, o quizá con ambos sentimientos. Y puede no comprender por qué razón se siente así en relación a la madre.

Algunas posibilidades para que la madre esté ausente:

1) La madre está "mirando" a algún hijo que haya muerto o que no haya nacido. Está más conectada con la muerte que con la vida, y le cuesta mucho mirar y estar para un hijo vivo.

2) La madre sufrió la ausencia de su madre. A esta madre le hace falta su propia progenitora y no logra conectarse con la hija por ello. Quizá la hija termina actuando como "madre" de su mamá e intenta cuidarla cuando es ella quien desea y necesita ser cudiada.

3) La madre está conectada a alguna pareja previa de su pasado, lo que le impide estar para su pareja y para sus hijos.




Cuando se hace una constelación familiar, alguna de estas dinámicas se pone en manifiesto o se hace visible. Lo que permite a la hija mirar "la verdad" en la historia de la madre y comprender desde el alma qué la ha hecho estar ausente.
Quizá el dolor no desaparezca, pero la hija al mirarlo, puede dejar a la madre con su historia y comenzar a hacerse cargo de la propia con la vida que le fue dada por sus progenitores.
El regalo más grande es la vida. Así que hagamos algo con ella en este 2016 y en todos los años que nos toque vivir.


Raiza Ramirez

Mi 2015


Revisando el Blog me doy cuenta que no escribí nada en 2015. 
El tema es que estuve algo "ocupada" durante este 2015 haciendo algo muy especial: estaba en plena fabricación de mi primera hija, quien llegó al mundo el pasado mes de noviembre.
Ha sido una experiencia maravillosa y movilizadora. 
Seguramente en próximas entradas, me adentraré más en el tema de la maternidad, visto con mis ojos gestálticos, sistémicos y humanos.

Que el 2016 sea maravilloso para todos!

Raiza


martes, diciembre 23, 2014

Soy el Grinch y no detesto la Navidad

He vivido diferentes Navidades de múltiples maneras. Con mi familia a solas, con la familia completa, en mi casa, en casa de familiares, en Venezuela, en otros países, con otras familias, trabajando incluso. Como mi experiencia ha sido variada y extensa, no tengo arraigado alguna tradición navideña que indique que la debo pasar en equis lugar determinado con equis personas determinadas. Lo vivo de otra manera. Es mi historia. 

He participado en intercambios de regalos, amigo secreto, elefante blanco, reunión, confite y parranda habida y por haber. Era de las que me iba el 24 o el 31 de diciembre a comprar los últimos regalos posibles. He hecho adornos de Navidad para la casa de mi mamá, galletas para regalar y vender en esta época, monté y quité arbolitos. He comprado ingredientes para hallacas, les he puesto los adornos, he lavado hojas, las he amarrado y, por supuesto, las he comido. 

Todo este preámbulo es solo para indicar que he sido navideña alguna vez en mi vida. He disfrutado de las fiestas. Y hasta Cd's de gaita he tenido. 

En algún momento de la historia, me parece que la Navidad dejó de interesarme. Dejé de comprar regalos por compromiso y empecé a comprar los que deseaba, cuando lo quería (fuera 24, 28 o 32 de diciembre). Dejé de meterme en los Centros Comerciales para buscar "la pinta" de la fiesta. Dejé d sacar las maletas a la calle para "asegurar" el viaje del siguiente año (y más aún con la existencia de Cadivi en Venezuela). Creo que dejé de participar en intercambios de regalos. Fui, sin darme cuando, dando algunos pasos que me "alejaron" de la Navidad. 

Si me quería vestir de jean y franela, lo hacía. Si quería comer, lo hacía. Si no quería pan de jamón, pues no lo comía. Y así, con cada detalle vinculado a la Navidad.

Poco a poco, parece que me he acercado a la otra orilla de la Navidad: ser un Grinch navideño. Sin drama y sin complejos. La Navidad me pasa bastante por encima, por decirlo de alguna manera. No siento eso que llaman el "espíritu navideño", no pido deseos, no como uvas, no compro regalos, no coloco adornos en mi casa y mucho menos luces y/o nacimientos. No hago hallacas, prácticamente no las como. 


En estos días, mientras caminaba por el parque, pensaba en esto de no ser navideña o más bien, en qué momento dejé de serlo para ser tipo Grinch. Y me di cuenta de algo importante. Yo no detesto la Navidad. No la rechazo. No la odio. Para nada. Quizá es todo lo contrario. 

Para mí, Navidad es estar con los seres que amo (presencial o de corazón), es ocuparme por preparar una deliciosa cena para la noche buena o para la noche de fin de año, es contactar a los amigos para decirles que los quiero y los recuerdo, es hacer balance y dar las gracias por todo lo bueno, es poder tener paz y tranquilidad. Por lo que, con mucha suerte y agradecimiento, creo que la Navidad en mi vida es una constante de 365 días y no de un mes del año.






Qué suerte tengo. Así que Feliz Navidad para mí y para todos! 

Raiza

miércoles, julio 23, 2014

lunes, julio 21, 2014

Un padre excluido: los costos para el sistema familiar.


Un padre excluido:
los costos para el sistema familiar. 



 La historia es así: una mujer se casa. Ella y su esposo conciben a una niña. Antes de que la hija cumpla el año de edad, la pareja se separa. Una orden judicial solicitada por la mujer, le impide al padre ver, estar o compartir con la pequeña. En el presente, la niña tiene 4 años de edad. Su padre reclama no tener contacto con ella. La madre, ignora al padre.

Para esta mujer no existe la figura de su ex esposo. La madre dice que la figura del padre de la niña es el abuelo materno (el padre de la mujer en cuestión). Indica que la niña le dice “papá” al abuelo. El padre de la niña se encuentra completamente excluido del mapa familiar, al menos desde la mirada de la madre.

Más allá de las razones lógicas o técnicas que pueda tener esta madre para evitar el contacto entre su hija y el padre (su ex esposo), al ver un caso de este tipo, lo suelo conectar con lo sistémico y el orden familiar, posibles hipótesis y consecuencias.

A continuación, algunas ideas sobre el tema, desde la mirada de Constelaciones Familiares:

50 y 50 Un hijo está conformado por el 50% que aporta la madre y el 50% que pone el padre. Cada uno colocó una parte para que este nuevo ser pudiera tener la vida. En lo que una madre excluye al padre, es como si le dijera al hijo “Solo el 50% que yo te di, sirve. El otro 50% no es tan bueno”.
Con esta idea, el hijo puede crecer creyendo que hay una mitad de sí mismo que no es tan buena, aunque no sea del todo consciente de ello.

Exclusión y balance En el sistema de la niña hay un excluido obvio: el padre. Y como el sistema no acepta espacios vacíos, la gran pregunta es: “¿De qué manera este sistema encontrará balance?”, es decir, ¿Cómo se completa este espacio?
La teoría sobre Constelaciones Familiares indica que la compensación puede darse a través de la repetición, es decir, que la hija repita el esquema que vive y excluya a algún hombre en su vida futura. Y el balance también puede darse por oposición, por ejemplo, que ella sea la excluida como mujer, bien sea en una pareja o como madre para un futuro hijo. -Es importante aclarar que lo anterior son solo hipótesis del caso y no necesariamente un indicativo de que lo descrito vaya a suceder al pie de la letra-.

¿Quién falta? Por otra parte, esta exclusión del padre de la niña también puede responder a un evento ocurrido en el pasado en el sistema de la madre. Por lo que se indica, la niña llama “papá” a su abuelo materno y si bien es criada por la madre biológica, su figura paterna la conforma su abuelo.
En este caso, cabe la pregunta: ¿Quién falta en ese sistema? ¿Quién no estuvo o se fue? Cabe la hipótesis de un vástago (hija o hijo de este abuelo y hermana o hermano de esta mujer) que murió o que no nació, por ejemplo.
Y que esta madre y su hija, de manera amorosa aunque con un costo algo para la pequeña, estarían completando la figura que da balance a la familia. Esta hipótesis también respondería a la ley sistémica que indica que el sistema no acepta espacios vacíos.

El sistema del padre ¿Y el sistema del padre de la niña? También está involucrado. Al no ser reconocido por la ex esposa y como figura paterna para su hija, puede estar siendo leal a algún miembro de su familia que también haya sido excluido, bien sea una figura paterna, materna o incluso, un hijo o hija que no llegó o que tuvo que partir temprano.







La solución o la resolución.
Cuando se trata de una Constelación Familiar, lo más importante es quién es el cliente. Para quién estamos trabajando. Porque en este caso, sería diferente tratar a la madre que excluye que al padre que es excluido.

Si la madre es la paciente, se buscaría que ella pueda reconocer y darle un lugar a su ex esposo como padre de su hija. Que ella pueda abandonar el sistema de origen con tranquilidad, para poder formar su propio sistema. Y si faltara alguien en su sistema de origen, poder honrar ese destino y darle un lugar, de tal manera que la niña no tenga que ocupar ese espacio. Darle el lugar indicado a su padre, así como al padre de su hija.

Si el padre es el cliente, se buscaría ver en su sistema de origen a quién se conecta él como excluido, para darle un lugar y que él pueda estar un poco más libre para estar con su hija (aunque sea desde el plano emocional) y deje ese lugar de “estar fuera”.

Un hijo es 50% de la madre y 50% del padre. Toma de ambos sistemas y eso lo completa. Si falta alguno de los dos, la sensación del hijo es que le falta la mitad de sí mismo. El costo emocional para una hija con esta historia es alto. Y, sin embargo, a veces los seres humanos somos capaces de hacer lo impensable por nuestro clan familiar. Todo en nombre del amor y de pertenecer.





Autora del texto: Raiza Ramírez 
Consteladora Familiar y Gestaltista 




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