miércoles, enero 13, 2016

Palabras de resolución: de los hijos a los padres

Las palabras de resolución son esas frases que se dicen en una Constelación y que ayudan a solucionar o sanar el sistema familiar.

 Lo más importante de estas palabras es que a la persona que hace la constelación le hagan sentido o "clic" por dentro.

Y hay otra cualidad importante: que sirvan para todo el sistema.

Las siguientes son frases de resolución que los hijos podrían decir a los padres.

Les invito a leerlas, repetirlas y fijarse si les hace sentido en su corazón.


 Raiza Ramírez



 





miércoles, enero 06, 2016

¿Una constelación tiene siempre un "FINAL FELIZ"?





Hace poco me hicieron esta pregunta y me pareció muy interesante. 

Y la respuesta es NO. No siempre una Constelación tiene un final "feliz", ordenado, correcto o de libro. 

Si bien la Constelación busca ordenar la imagen interna que tiene el cliente de su familia y su propia historia dentro del su grupo familiar, también es necesario tener en cuenta que el paciente va a mirar lo que pueda como pueda. Y llegará hasta donde su alma, su mente y cuerpo lo permitan en ese momento. 

A veces una Constelación sirve para generar un movimiento interno en la persona, quien luego de la terapia, decide hacer algún cambio en su vida o modificar cómo ha venido haciendo las cosas hasta ese momento. 







A veces una Constelación funciona como una imagen para darnos cuenta de una situación determinada. Y no necesariamente soluciona o la persona se siente en paz al finalizar la constelción. Funciona como un movimiento para que la persona realice otro movimiento. 

A veces la persona no entiende (racionalmente) su constelación. No logra comprender la imagen o no lo hace sentido. Personalmente, creo que aunque no parezca tener sentido en el momento, es necesario confiar, en el momento, en la familia, en si mismos, confiar y dejar que el tiempo haga su parte. 








Y bueno, por supuesto hay movimientos de "final feliz". Emocionantes y emocionales. Redondas. Y se agradecen, como todas las demás. El mejor trabajo que puede hacer un constelador es rendirse ante el sistema para el que trabaja, que siempre será más grande que él como individuo. 














Autor del texto: Raiza Ramírez.

Madres ausentes o poco presentes.



Una madre puede estar viva y al lado de sus hijos e igualmente puede estar ausente del vínculo. Una madre puede darle la vida a un hijo, criarlo, sostenerlo y no estar disponible para su(s) hijo(s)
El hijo lo puede vivir con dolor o con rabia, o quizá con ambos sentimientos. Y puede no comprender por qué razón se siente así en relación a la madre.

Algunas posibilidades para que la madre esté ausente:

1) La madre está "mirando" a algún hijo que haya muerto o que no haya nacido. Está más conectada con la muerte que con la vida, y le cuesta mucho mirar y estar para un hijo vivo.

2) La madre sufrió la ausencia de su madre. A esta madre le hace falta su propia progenitora y no logra conectarse con la hija por ello. Quizá la hija termina actuando como "madre" de su mamá e intenta cuidarla cuando es ella quien desea y necesita ser cudiada.

3) La madre está conectada a alguna pareja previa de su pasado, lo que le impide estar para su pareja y para sus hijos.




Cuando se hace una constelación familiar, alguna de estas dinámicas se pone en manifiesto o se hace visible. Lo que permite a la hija mirar "la verdad" en la historia de la madre y comprender desde el alma qué la ha hecho estar ausente.
Quizá el dolor no desaparezca, pero la hija al mirarlo, puede dejar a la madre con su historia y comenzar a hacerse cargo de la propia con la vida que le fue dada por sus progenitores.
El regalo más grande es la vida. Así que hagamos algo con ella en este 2016 y en todos los años que nos toque vivir.


Raiza Ramirez

Mi 2015


Revisando el Blog me doy cuenta que no escribí nada en 2015. 
El tema es que estuve algo "ocupada" durante este 2015 haciendo algo muy especial: estaba en plena fabricación de mi primera hija, quien llegó al mundo el pasado mes de noviembre.
Ha sido una experiencia maravillosa y movilizadora. 
Seguramente en próximas entradas, me adentraré más en el tema de la maternidad, visto con mis ojos gestálticos, sistémicos y humanos.

Que el 2016 sea maravilloso para todos!

Raiza


martes, diciembre 23, 2014

Soy el Grinch y no detesto la Navidad

He vivido diferentes Navidades de múltiples maneras. Con mi familia a solas, con la familia completa, en mi casa, en casa de familiares, en Venezuela, en otros países, con otras familias, trabajando incluso. Como mi experiencia ha sido variada y extensa, no tengo arraigado alguna tradición navideña que indique que la debo pasar en equis lugar determinado con equis personas determinadas. Lo vivo de otra manera. Es mi historia. 

He participado en intercambios de regalos, amigo secreto, elefante blanco, reunión, confite y parranda habida y por haber. Era de las que me iba el 24 o el 31 de diciembre a comprar los últimos regalos posibles. He hecho adornos de Navidad para la casa de mi mamá, galletas para regalar y vender en esta época, monté y quité arbolitos. He comprado ingredientes para hallacas, les he puesto los adornos, he lavado hojas, las he amarrado y, por supuesto, las he comido. 

Todo este preámbulo es solo para indicar que he sido navideña alguna vez en mi vida. He disfrutado de las fiestas. Y hasta Cd's de gaita he tenido. 

En algún momento de la historia, me parece que la Navidad dejó de interesarme. Dejé de comprar regalos por compromiso y empecé a comprar los que deseaba, cuando lo quería (fuera 24, 28 o 32 de diciembre). Dejé de meterme en los Centros Comerciales para buscar "la pinta" de la fiesta. Dejé d sacar las maletas a la calle para "asegurar" el viaje del siguiente año (y más aún con la existencia de Cadivi en Venezuela). Creo que dejé de participar en intercambios de regalos. Fui, sin darme cuando, dando algunos pasos que me "alejaron" de la Navidad. 

Si me quería vestir de jean y franela, lo hacía. Si quería comer, lo hacía. Si no quería pan de jamón, pues no lo comía. Y así, con cada detalle vinculado a la Navidad.

Poco a poco, parece que me he acercado a la otra orilla de la Navidad: ser un Grinch navideño. Sin drama y sin complejos. La Navidad me pasa bastante por encima, por decirlo de alguna manera. No siento eso que llaman el "espíritu navideño", no pido deseos, no como uvas, no compro regalos, no coloco adornos en mi casa y mucho menos luces y/o nacimientos. No hago hallacas, prácticamente no las como. 


En estos días, mientras caminaba por el parque, pensaba en esto de no ser navideña o más bien, en qué momento dejé de serlo para ser tipo Grinch. Y me di cuenta de algo importante. Yo no detesto la Navidad. No la rechazo. No la odio. Para nada. Quizá es todo lo contrario. 

Para mí, Navidad es estar con los seres que amo (presencial o de corazón), es ocuparme por preparar una deliciosa cena para la noche buena o para la noche de fin de año, es contactar a los amigos para decirles que los quiero y los recuerdo, es hacer balance y dar las gracias por todo lo bueno, es poder tener paz y tranquilidad. Por lo que, con mucha suerte y agradecimiento, creo que la Navidad en mi vida es una constante de 365 días y no de un mes del año.






Qué suerte tengo. Así que Feliz Navidad para mí y para todos! 

Raiza

miércoles, julio 23, 2014

lunes, julio 21, 2014

Un padre excluido: los costos para el sistema familiar.


Un padre excluido:
los costos para el sistema familiar. 



 La historia es así: una mujer se casa. Ella y su esposo conciben a una niña. Antes de que la hija cumpla el año de edad, la pareja se separa. Una orden judicial solicitada por la mujer, le impide al padre ver, estar o compartir con la pequeña. En el presente, la niña tiene 4 años de edad. Su padre reclama no tener contacto con ella. La madre, ignora al padre.

Para esta mujer no existe la figura de su ex esposo. La madre dice que la figura del padre de la niña es el abuelo materno (el padre de la mujer en cuestión). Indica que la niña le dice “papá” al abuelo. El padre de la niña se encuentra completamente excluido del mapa familiar, al menos desde la mirada de la madre.

Más allá de las razones lógicas o técnicas que pueda tener esta madre para evitar el contacto entre su hija y el padre (su ex esposo), al ver un caso de este tipo, lo suelo conectar con lo sistémico y el orden familiar, posibles hipótesis y consecuencias.

A continuación, algunas ideas sobre el tema, desde la mirada de Constelaciones Familiares:

50 y 50 Un hijo está conformado por el 50% que aporta la madre y el 50% que pone el padre. Cada uno colocó una parte para que este nuevo ser pudiera tener la vida. En lo que una madre excluye al padre, es como si le dijera al hijo “Solo el 50% que yo te di, sirve. El otro 50% no es tan bueno”.
Con esta idea, el hijo puede crecer creyendo que hay una mitad de sí mismo que no es tan buena, aunque no sea del todo consciente de ello.

Exclusión y balance En el sistema de la niña hay un excluido obvio: el padre. Y como el sistema no acepta espacios vacíos, la gran pregunta es: “¿De qué manera este sistema encontrará balance?”, es decir, ¿Cómo se completa este espacio?
La teoría sobre Constelaciones Familiares indica que la compensación puede darse a través de la repetición, es decir, que la hija repita el esquema que vive y excluya a algún hombre en su vida futura. Y el balance también puede darse por oposición, por ejemplo, que ella sea la excluida como mujer, bien sea en una pareja o como madre para un futuro hijo. -Es importante aclarar que lo anterior son solo hipótesis del caso y no necesariamente un indicativo de que lo descrito vaya a suceder al pie de la letra-.

¿Quién falta? Por otra parte, esta exclusión del padre de la niña también puede responder a un evento ocurrido en el pasado en el sistema de la madre. Por lo que se indica, la niña llama “papá” a su abuelo materno y si bien es criada por la madre biológica, su figura paterna la conforma su abuelo.
En este caso, cabe la pregunta: ¿Quién falta en ese sistema? ¿Quién no estuvo o se fue? Cabe la hipótesis de un vástago (hija o hijo de este abuelo y hermana o hermano de esta mujer) que murió o que no nació, por ejemplo.
Y que esta madre y su hija, de manera amorosa aunque con un costo algo para la pequeña, estarían completando la figura que da balance a la familia. Esta hipótesis también respondería a la ley sistémica que indica que el sistema no acepta espacios vacíos.

El sistema del padre ¿Y el sistema del padre de la niña? También está involucrado. Al no ser reconocido por la ex esposa y como figura paterna para su hija, puede estar siendo leal a algún miembro de su familia que también haya sido excluido, bien sea una figura paterna, materna o incluso, un hijo o hija que no llegó o que tuvo que partir temprano.







La solución o la resolución.
Cuando se trata de una Constelación Familiar, lo más importante es quién es el cliente. Para quién estamos trabajando. Porque en este caso, sería diferente tratar a la madre que excluye que al padre que es excluido.

Si la madre es la paciente, se buscaría que ella pueda reconocer y darle un lugar a su ex esposo como padre de su hija. Que ella pueda abandonar el sistema de origen con tranquilidad, para poder formar su propio sistema. Y si faltara alguien en su sistema de origen, poder honrar ese destino y darle un lugar, de tal manera que la niña no tenga que ocupar ese espacio. Darle el lugar indicado a su padre, así como al padre de su hija.

Si el padre es el cliente, se buscaría ver en su sistema de origen a quién se conecta él como excluido, para darle un lugar y que él pueda estar un poco más libre para estar con su hija (aunque sea desde el plano emocional) y deje ese lugar de “estar fuera”.

Un hijo es 50% de la madre y 50% del padre. Toma de ambos sistemas y eso lo completa. Si falta alguno de los dos, la sensación del hijo es que le falta la mitad de sí mismo. El costo emocional para una hija con esta historia es alto. Y, sin embargo, a veces los seres humanos somos capaces de hacer lo impensable por nuestro clan familiar. Todo en nombre del amor y de pertenecer.





Autora del texto: Raiza Ramírez 
Consteladora Familiar y Gestaltista 




lunes, mayo 26, 2014

Abriendo caminos


Desde este mes de mayo de 2014, tomé un nuevo rumbo: Buenos Aires. Argentina. 

Y con el viaje, llegan nuevos retos y posibilidades. A partir de este mes estoy atendiendo en Buenos Aires (Capital Federal) Para Constelaciones Familiares o consultas de Psicoterapia, me puedes llamar a mi móvil +54 911 63649171 o escribirme a mi correo raizaramirez@gmail.com

Y nuy pronto vienen talleres y cursos. Ya estaré publicando más información.

Gracias por seguir la página!




































Las personas de Venezuela, interesadas en consultas o constelaciones, me puedes escribir a mi correo para coordinar atención vía SKYPE o recomendarles alguien que los pueda ver en la ciudad en la que se encuentren.


martes, noviembre 05, 2013

Una Constelación Familiar: El ejemplo de la orquesta.

Qué es una Constelación Familiar. 

El ejemplo de la orquesta.





A veces me preguntan: “Qué es una Constelación Familiar?” Y no siempre es tan fácil de explicar.

Suelo decir de manera más técnica y “seria” que es un abordaje terapéutico creado por el alemán Bert Hellinger y que integra varios abordajes para lograr sanar ciertos temas de una persona. Y por sobre todas las cosas, ordenar el lugar de esa persona en su sistema familiar.

Pasado un tiempo y luego de pensarlo con calma, la mejor manera que he encontrado de explicar lo que es una Constelación Familiar es la siguiente:

La familia es como una orquesta. Cada miembro tiene su silla (su lugar) y su instrumento (su destino). Y cada uno de nosotros tiene un puesto asegurado en esa orquesta, así sea tocando los platillos o siendo el concertino.

Como toda orquesta, tiene sus características particulares. El repertorio de algunas es de clásicos: otras, deciden modernizar sus piezas. Es parecido a los temas de cada familia: para algunos es el dinero, para otros la violencia, para otros las mujeres que se quedan solas o los hombres que se van. Ese es su repertorio.



A veces faltan personas en la orquesta. Y no por ello, ésta deja de tocar o presentarse una noche. Es lo que en Constelaciones conocemos como los excluidos, personas que por alguna razón u otra, parecen quedar “fuera” de la familia, sin derecho a pertenecer (por ejemplo los ladrones, las prostitutas, los asesinos, los adictos, los discapacitados, los que hicieron algún mal, entre otros)
Así como en la música, la familia sigue su curso, sigue tocando, sigue dando vida, sólo que con un detalle importante: hay algunas sillas vacías que ocupaban esos músicos que fueron excluidos, y quedan algunos instrumentos sin tocar. Y parece que “algo” falta en la historia.

Entonces, como puede pasar en una orquesta, algún músico se sienta en la silla del que no está. Y comienza a tocar su instrumento (que no es el propio o el que le tocaba a él o a ella), es el de otra persona, la silla es de alguien más. La cosa se puede complicar aún más si este músico sustituto trata de tocar su propio instrumento y el otro. Eso, desde el punto de vista familiar, se da cuando decimos que una persona “toma el destino” de otra en su historia y comienza a repetir la historia. Y es cuando vemos que en un grupo filiar, las mujeres se enferman de los pulmones, o los hombres mueren del corazón, o a las mujeres les cuesta salir embarazadas o tienen hijos a muy temprana edad. Cualquiera que sea el destino repetido, podríamos decir que es una lealtad ciega a quien vino antes, a quien ocupaba esa silla y por alguna razón ya no está allí.

¿Y cuál es la solución?










Y es allí, cuando constelamos. ¿Cómo?
Lo primero es armar la historia de esa orquesta a la que pertenece la persona. Reconocer las repeticiones, contar a los excluidos y ubicar hechos importantes que hayan marcado el devenir de ese grupo.

Lo segundo, es armar la orquesta. Colocar a cada músico es su lugar con su silla y su instrumento. Esto quiere decir, incluir a los excluidos y honrarlos, toquen lo que toquen y como lo hayan hecho. Respetar su silla y su partitura.


Y, por último, que el paciente o cliente tome su propio lugar, el que le corresponde, el que es para él o para ella. Y que se haga cargo de su silla, su partitura y su instrumento. Y que suene lo mejor que pueda. Con la música que el alma familiar le susurra al oído y la que su propia alma decide plasmar en el pentagrama de la vida.







Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt, Terapeuta en Constelaciones Familiares y Coach Ontológico.
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