lunes, octubre 28, 2013

La Fertilidad desde la visión de Constelaciones Familiares

Cuando concebir un hijo 
está vinculado a nuestra historia familiar

 

Como Psicoterapeuta y Consteladora Familiar tengo dos creencias que, aunque puedan parecer paradójicas, se integran y conviven: la primera, es que todos los procesos físicos y corporales están vinculados con el mundo emocional; y la segunda, que una Constelación como terapia quizá no sea la única salida o solución para resolver un tema que resulte difícil de transitar. 

En el caso de los temas de fertilidad o las dificultades que puede presentar una pareja a la hora de tener un hijo, las Constelaciones Familiares ofrecen un acercamiento que puede ayudar a la mujer, al hombre o, a ambos a organizar su lugar dentro de su sistema familiar, para romper alguna repetición o alguna lealtad invisible que les esté imposibilitando esto de “ser papás”. 

 Antes de empezar 

Si bien creo en las Constelaciones Familiares como un abordaje terapéutico capaz de generar cambios es nuestra manera de estar en el mundo y en nuestra vinculación con nuestro sistema familiar, no creo que hacerla sea una garantía de éxito al 100%. Para decirlo de manera más clara: Si una pareja no está pudiendo concebir, la terapia no es un pasaporte directo al embarazo. 

 Pero, ¿puede ayudar? Sí, puede ayudar. ¿Cómo? Desenredando los hilos invisibles que nos atan de una manera dolorosa a nuestros ancestros. Veamos algunas posibilidades.

Referencias ancestrales 

La historia de nuestra familia marca nuestra propia historia. Solemos repetir (con conciencia o no) lo que hicieron los que vinieron antes que nosotros, sea bueno o no tan bueno. Es parte de la buena conciencia y de la necesidad de pertenecer al sistema.

En los casos de fertilidad, es importante revisar en nuestra historia personal, algunos de estos temas:

• Abortos (naturales o espontáneos) que haya experimentado alguno de los miembros de la pareja. De parejas previas de algunos de ellos. O de los padres de ella o de él.

• La muerte de alguna madre en el parto en la historia familiar.

• El fallecimiento de algún bebé al momento de nacimiento o en su primera infancia.

• Si la mujer de la pareja tiene algún tema pendiente con las mujeres de su familia. Sea porque las rechaza o reniega de ellas de alguna manera. Lo mismo aplica con el hombre de la pareja con los hombres de su historia.

• Si alguno de los dos tiene un tema vinculado con la vida o la muerte no resuelto. Por ejemplo, si está implicado sistémicamente con el fallecimiento de alguna persona de su historia.

 Siempre es necesario revisar en una entrevista el sistema familiar de la pareja a fin de chequear estos puntos mencionados anteriormente.

 De todas maneras, el trabajo de Constelaciones es “chismoso” y, muchas veces, aunque la persona no conozca la información exacta de su sistema, al desplegar su historia, se muestra de manera espontánea lo que pudiera estar dificultando (desde la perspectiva familiar y sistémica) la posibilidad de tener descendencia.


Desenredar y romper lealtades 

¿En qué consiste entonces la Constelación de Fertilidad? ¿Cómo se hace?

Yo recomiendo trabajar en pareja. Aunque también puede hacerse de manera individual.

Se realiza una entrevista previa armar la historia de la familia y ubicar los temas que pudieran estar dificultando a la pareja.

Y se procede a Constelar. A realizar el trabajo terapéutico como tal. Es difícil dar detalles de una constelación, pues cada una es una experiencia diferente y cada quien la vive de una manera particular.

El objetivo al final es sanar. Y lograr que cada quien ocupe su lugar y que tome su propio destino. Dejar de cargar el destino de los ancestros, honrar lo que ellos hicieron y seguir con nuestra vida, con la posibilidad de dar la vida, que es lo que garantiza la continuidad del gran sistema al que pertenecemos.




Autor del texto: Lic. Raiza Ramírez Psicoterapeuta Gestáltica y Terapeuta en Constelaciones Familiares 

 Si es tu tema o te interesa… puedes contactarte conmigo por el siguiente correo electrónico raizaramirez@gmail.com o por los teléfonos: 4142841097 y 4129631191.


domingo, octubre 14, 2012

Sinergia en la pareja




Sinergia en la pareja

En temas de dos: la sinergia suma y la competencia resta.

El concepto de sinergia -según la Real Academia Española- indica: acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales.

Creo que es justamente este concepto de sinergia el que debe estar presente en el funcionamiento de una pareja. Sumar. Unirse. Lo mío y lo tuyo. Lo que yo tengo y lo que tú tienes. De tal manera que la suma sea mayor a lo que cada uno tiene que aportar. Al final, el bien común es la pareja y el crecimiento en conjunto.

Lo contrario sería la competencia. Tengo que colocar en la relación lo mismo que tú, tenemos que ser iguales, exagerar el 50% y 50%. Compararse. Ver qué tiene el otro y qué no tengo yo. O al revés, ver qué le falta al otro y qué tengo yo.

Hace poco me indicaron un ejemplo al respecto: “Si mi pareja sabe hablar inglés y yo no, qué bueno. Si vamos a Estados Unidos, no vamos a pasar trabajo, pues ella sabrá entenderse con los demás”. Esa es la visión desde la sinergia.

Desde la competencia sería algo así como: “Tengo que aprender a hablar inglés como mi pareja, para que podamos viajar tranquilos. Y si no lo hago, está mal y mejor no vamos de viaje.”

Cada persona que forma parte de la pareja tiene sus virtudes y sus defectos. Tendrá elementos que aportar al vínculo y tendrá otras dificultades, según su propia historia de 
vida. Ser idénticos no es posible. Es casi una ilusión. Colocar un exacto 50 y 50 parece también una ilusión.

Quizá el tema está en ver mis virtudes y aportarlas. Ver mis dificultades y asumirlas. Ver las virtudes del otro y apoyarme en ellas para crecer. Hacer que nuestros elementos positivos se unan, se sumen y se integren para un bien mayor: el conjunto, la pareja, los dos.

El reto es no competir. En todo caso, competir consigo mismo. Para mejorar y tener más para sumar al conjunto. Y unido a ello, no caer en la complacencia para que quien compite se sienta mejor.

Cada uno tiene algo que aportar. Cada uno tendrá algo bueno que entregar al vínculo. Y esa suma es lo que hará mejor la historia, lo que al final los hará crecer de la mano.


Raiza Ramírez

martes, octubre 09, 2012

La historia de Hugo y Henrique


La historia de Hugo y Henrique



Hugo era un hombre adulto. En su historia, su madre ocupaba un lugar importante. Se había criado solo con ella. Su padre era un desconocido, casi un fantasma, un ser que nunca estuvo presente físicamente.

Hugo tuvo varias mujeres a lo largo de su vida, pero hubo una que le quitó el sueño y el aliento. Se llamaba Venezuela. Era hermosa, fecunda, tenía todo lo que cualquier hombre pudiera desear, incluso más.

De ese amor intenso nacieron unos morochos: Hugo, se llamó uno, como su padre. Al otro, le pusieron Henrique (con H para que tuviera la inicial de su papá). Si bien los dos muchachitos tenían la misma edad y eran idénticos físicamente, eran completamente diferentes en su forma de ser. A Hugo papá esta diferencia lo desconcertaba. Y como no había tenido a su papá, le resultaba difícil ser papá.

Un ejemplo simple. Henrique, desde que tenía unos cinco meses, lograba agarrar el tetero con sus pequeñas manitas, lo sostenía y comía solito. Mientras que Hugo hijo, no lograba tomar la botella entre sus manos. Ahí era cuando su padre, los miraba a los dos y elegía hacer lo que le parecía mejor: ayudar al que no podía hacerlo solo y dejar al otro por su cuenta.

Nuevamente sucedió cuando los pequeños estaban aprendiendo a amarrarse las trenzas de sus zapatos. Henrique, un poco más independiente que Hugo hijo, se fijó bien cuando le explicaron cómo hacerlo y luego de varios intentos, pudo lograrlo. Al principio no fue fácil, pero insistió en hacerlo solo, en poder, en equivocarse varias veces, hasta que lo logró. Se amarró las trenzas de sus zapatos. Sonrió orgulloso de sí mismo. Se sentía importante. Y cuando fue a mostrarle a su papá lo que había logrado, encontró a Hugo papá amarrándole las trenzas a Hugo hijo. Hugo papá estaba ocupado con el hijo que más lo necesitaba y no le hizo caso a Henrique.

 “Necesito que me necesites”

A Hugo papá le gustaba sentirse necesitado por su hijo Hugo. Henrique le parecía a veces muy orgulloso, soberbio. Parecía que no lo necesitaba. Que podía hacerlo todo solo. Que él no tenía nada para mostrarle. Por eso, a veces, pasaba más tiempo con Hugo hijo: él sí lo necesitaba, le pedía, Hugo papá era útil para al menos uno de sus hijos.

Cuando los muchachitos comenzaron a leer, pasó algo parecido a lo narrado anteriormente. Henrique se fajaba en la mesa del comedor con el “ma, me, mi, mo, mu”. No siempre entendía, pero insistía. Hugo hijo, mientras tanto, estaba en el patio de la casa jugando metras o en el cuarto mirando tele. Esperaba a su papá para que lo ayudara con la lección. Por dos razones simples: primero, le parecía que no era tan inteligente como Henrique y que no podía solo; y segundo, su papá seguro lo iba a ayudar como lo hacía siempre.

Ya para ese momento, Hugo papá lo tenía claro: Henrique lo necesitaba menos que Hugo hijo. Por lo tanto, pasaba más tiempo con quien lo necesitaba más. Para sus adentros pensaba: “Cuando yo sea viejo, Hugo se quedará a mi lado. Me acompañará. Seguro Henrique se va y me deja solo”.

El rechazo

Hugo hijo comenzó a rechazar a su hermano Henrique. Si bien eran igualitos físicamente, usaban las mismas franelas y hasta los mismos juguetes, en la práctica, eran bien diferentes. A Hugo le daba rabia que Henrique supiera tanto, que parecía ser más inteligente. “Él tiene cosas que yo no tengo, él puede cosas que yo no puedo”, se decía para sus adentros. Y eso le daba rabia. Pero no le pidió ayuda a su hermano, ni aprendió de él. Hugo hijo se creyó la frase que escuchó muchas veces de la boca de su padre: “Deja eso Hugo, yo lo hago por ti, tú no sabes hacerlo, tú no puedes. Yo te ayudo”.

Henrique, por su parte, si bien sabía cosas y lograba arreglárselas por su cuenta muchas veces, prácticamente no tenía con quién compartir esos logros. Su papá solía estar siempre ocupado con su hermano morocho. Muchas veces se sintió excluido, fuera de lugar, poco querido. En algunos momentos llegó a pensar: “Será que tengo que hacerme el que no puede o el que no sabe hacer las cosas para que mi papá me haga caso?”.

Henrique también empezó a rechazar a su hermano. No entendía cómo otro ser (igualito a él) podía no saber, no poder, no hacer. No lo entendía. “Pero si no es tan difícil”, se decía para sus adentros. En el fondo, más allá de lo que pensaba, Henrique quería sentir que pertenecía a esa familia, que era uno más de ellos, que ser diferente no era sinónimo de exclusión. Pero esa sensación no llegaba, no aparecía. Henrique solía sentirse fuera de lugar.

Hugo papá también desarrolló rechazo por su hijo Henrique. No lo entendía. “Por qué no me necesita?”, se preguntaba. Por otra parte, este hijo le recordaba lo que él no pudo hacer de muchacho, lo que él no había logrado, esa independencia que él tampoco tuvo. Así que sin saber cómo tratar a su hijo Henrique, terminaba por hacer lo de siempre: rechazarlo, ignorarlo o aleccionarlo y, pasar más tiempo con Hugo hijo.
El tiempo hizo que esa casa se convirtiera en un espacio con dificultades para estar y vivir. La tensión entre los tres se hizo presente. Los mejores momentos pasaban cuando los Hugos podían compartir juntos sin Henrique.  Y para Henrique, cuando lograba estar a solas o salir un rato de la casa sin ellos.

La adolescencia

Los muchachos cumplieron 14 años. Entraron en la adolescencia. La dinámica familiar seguía igual. Poco había cambiado en todo ese tiempo. Hugo hijo seguía jugando en el patio o mirando tele, mientras su papá llegaba a ayudarlo con sus trabajos y tareas. Henrique, por su parte, seguía en la soledad de la mesa del comedor, tratando de entender los polinomios de las matemáticas de segundo año, decidido a sacar muy buenas notas y ser el mejor de su clase.

Henrique quería que las cosas cambiaran en su casa, en su familia. No sabía cómo, pero era lo que deseaba. Lo que Henrique soñaba era que Hugo papá o Hugo hijo cambiaran. Quería que su papá fuera un poco más atento con él, no que le hiciera las tareas, pero que al menos lo mirara hacerlas. Deseaba que su hermano fuese capaz de ser más independiente y que necesitara menos a papá. Pero mientras deseaba el cambio de los Hugos, él seguía haciendo lo mismo. Y nada cambiaba.

Hugo papá y Hugo hijo también deseaban que Henrique cambiara, que se pareciera más a ellos. Pero ellos tampoco hacían algo diferente. Así que todo seguía igual.
Henrique pensó muchas veces irse de su casa. Romper con todos los lazos que lo unían a ese padre y a ese hermano, de los cuales se sentía cada vez más alejado. Y al mismo tiempo sentía dolor, por él mismo y su necesidad de afecto y amor, e incluso sentía dolor por su madre Venezuela.

La resolución

La historia de esta familia aún no termina. Siguen inmersos en este círculo de alianzas entre los que “son iguales” y de rechazo entre los que “son diferentes”. Siguen pensando que quien debe cambiar es el otro. Siguen en sus mismas posturas.

La madre Venezuela los mira y suspira. A veces llora lágrimas de lluvia. A veces se enoja en fuego. A veces se cruza de brazos y dice “no hago nada más”. Ella sabe que es un tema de ellos tres. Ella los ama a todos por igual. Los reconoce. Los abraza cuando es necesario.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo papá pudiera mirar a sus dos hijos. Y si a ambos pudiera decirles: “Hijos, para mí está bien si lo hacen igual o diferente a mí. Ustedes pertenecen a este sistema. Ambos pertenecen”.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo papá dejara de hacer cosas para ser necesitado por el otro y confiara en los recursos de su hijo Hugo y en sus posibilidades. Sobre todo, si comenzara a confiar que su hijo lo amará igual si le hace la tarea o si no se la hace.

Quizá las cosas cambiarían si Hugo hijo comienza a confiar en sí mismo y en sus recursos. Si deja de ser fiel a Hugo papá y le logra decir: “Papá, bendíceme si lo hago diferente a ti”.

Quizá las cosas cambiarían si Henrique asume su diferencia, su mala conciencia y sin culpa logra tomar su destino y hacer lo suyo. Quizá cambiaría todo si logra decirle a su padre: “Papá, me haces falta, tanta falta como te hizo tu papá a ti. Sonríeme si te necesito menos, si puedo solo, si soy feliz. Sé que a donde vaya, estás en mi corazón. Y te reconozco como el grande. Delante de ti, soy pequeño”.

Quizá las cosas cambiarían si Henrique mira a su hermano Hugo, a su morocho, a su igual y le dice: “Hermano, te veo. Veo el precio que has pagado para pertenecer a este sistema. Te honro por ese precio. Tú has pagado un precio más alto que el mío y recién lo puedo mirar. Te doy las gracias por ello. Y sigo mi camino más liviano. Mi camino diferente, mi destino”.
Al final, Hugo y Henrique son hermanos morochos. Paridos por la misma madre: Venezuela. Y ambos pertenecen al sistema, con buena o mala conciencia.

Escrito por: Raiza Ramírez

NOTA de la autora:
Este cuento es solo una analogía. Quizá escrita por mí para mí misma, empujada por la necesidad de cerrar internamente lo sucedido el 7 de octubre de 2012 con las elecciones presidenciales de Venezuela. No pretendo tener razón. Solo intento, a través de la metáfora y de la mirada sistémica, integrar dos fuerzas que están allí y que siguen desintegradas.
Hay algo que no miraba el domingo pasado que ahora comienzo a mirar. Si estas líneas te sirven, qué bueno. Si no, sigue de largo y encuentra otras que te hagan sentido.
Honro a mi Venezuela amada. A los que vinieron antes que Hugo y Henrique. A los que estamos ahora y somos Hugos y Henriques. A los que vendrán después, que ojalá, tengan algo de los morochos y logren tomar su vida y destino entre sus manos y caminar con un poco de paz por esta tierra bendita.
Raiza

jueves, enero 12, 2012

Querido Ismael, Gracias Ismael

Querido Ismael.


Hace exactamente tres meses te vi en concierto en la ciudad de Caracas. El tour se llamaba "Acuérdate de vivir". En principio, solo tocarías el 11 de octubre, pero nos regalaste un concierto más el día 12.


Desde el 2006, cuando escuché tus primeras canciones, me sentí tocada por tu música, por tus letras y metáforas. Lo que no me imaginé Ismael, es que te recordaría por ayudarme a reencontrarme con el amor.


Te cuento Ismael. Me enteré por casualidad que venías a Venezuela. Era un viernes en la noche. El sábado antes de mediodía ya había comprado una entrada para el concierto del 11 de octubre. Aún faltaban meses para la fecha esperada. Yo estaba emocionada. Feliz. Te iba a ver en vivo! Pero qué me iba a imaginar yo que ese 11 de octubre, todo cambiaría - para BIEN - en mis días y en mis noches.


Llegó el día del concierto. Estaba feliz. Te iba a ver. El día esperado desde 2006 había llegado. También había llegado el día más esperado de mi vida, pero yo aún no lo sabía. La ignorancia es a veces un gran regalo.


Llegué temprano al teatro. Caminé entre la gente. Esperaba a unos amigos. Imaginaba que me encontraría con algunos conocidos fanáticos de tu música. No contaba encontrarme con él. No lo tenía ni previsto ni calculado, pero quizá mi corazón si había dispuesto espacio para este abrazo que fue el primero de una nueva etapa.


Ya mucha gente había llegado. No sé qué hora era. Yo estaba hablando con alguien. Y de pronto, como si un hilo me moviera la cabeza, mis ojos se dirigieron hacia la derecha. Él venía entrando. Con su caminar acostumbrado, con su corbata hermosa y su olor profundo y perfecto. Lo vi a la distancia y me sonreí sin darme cuenta. Te cuento Ismael, que salí corriendo a saludarlo. Él también ya me había visto a lo lejos. Creo que me tiré en sus brazos. Tiempo sin verlo. Sin olerlo. Sin decirle "Qué bella tu corbata". Como siempre, mis palabras salieron a mil por hora, le hice cien preguntas en dos minutos. Y él me contestó todo con su paz y su calidez de siempre. Ese encuentro mínimo duró unos minutos. Y cambió todo. Aunque yo aún no lo sabía.


Comenzamos a entrar a la sala de conciertos. Mi puesto estaba en la primera fila. El de él, como en la diez. No nos vimos en todo el concierto. Solo te vimos a ti. Yo canté tus canciones, me emocioné hasta rabiar, te tomé fotos. Fui feliz viéndote y disfrutándote. Sin saber que meses después te escribiría esta carta para darte las gracias. No solo por venir a cantar, sino por haber sido una suerte de cupido inconsciente, ignorante y mágico de dos almas que llegaron separadas y se fueron juntas esa noche.


Al salir, casi tres horas más tarde, él y yo, compartimos impresiones. Y quedamos en hablar en otro momento. Sin fechas ni mayores acuerdos.


El 12, día feriado en mi país, fue tu segundo concierto. El último. Otra oportunidad para verte. El azar y la tecnología me ayudaron. Y en cuestión de minutos me había ganado dos entradas para verte de nuevo. No podía creer mi suerte. Pero ganarme las entradas fue solo el preludio de lo bueno, de lo maravilloso, de lo grandioso, de lo hermoso. Solo fue la obertura de la pieza magistral que escucho en mi mente y en mi corazón desde hace tres meses Ismael.


Te cuento que lo invité a él. Me atreví. Ni siquiera lo pensé. Solo le dije "Me gané dos entradas para el concierto de hoy. Te animas a ir conmigo?". Su respuesta fue la mejor: "Por supuesto que voy contigo". Y fuimos Ismael. Ahora sí, sentados uno al lado del otro. Cantando al unísono tus canciones. Viviendo por segunda vez la experiencia, pero ahora juntos. Sin saber el camino que comenzaríamos a recorrer. Sin saberlo. Ignorantes de nuevo. Maravillosamente ignorantes.


Nos despedimos sin promesas y con un abrazo. Y esa noche, en medio de un centro comercial cercano al teatro cambió todo. La lluvia del día anterior comenzó a calarme entre los huesos sin elegirla, la música comenzó a bailarme adentro al son de las canciones que él me ha dedicado y cantado en estos meses, los besos llegaron y siguen llegando cada día, el amor se instaló como una mariposa en mi brazo, la sensación de verdad, certeza, confianza y luz están presentes desde ese día.


Y no me queda otra que agradecerte Ismael. Por venir a Caracas, por tocar en mi tierra y por haberme ayudado sin querer a tropezarme con él, el amor de mi vida entera.


Raiza


NOTA MENTAL: Esta carta tiene dos destinatarios. El primero, Ismael Serrano, cantautor de Madrid, al que admiro profundamente. El segundo, a mi queridísimo novio, al que día a día aprendo a amar de una manera diferente y precisa.





domingo, octubre 30, 2011

Qué difícil!


Qué difícil cada chao. Qué difícil cada despedida. Cada último beso del día, de la noche o de la tarde.
Qué difícil no dejarte mi corazón en consignación en cada encuentro.
Qué difícil no perderme en tu aliento.
Qué difícil olvidar tu olor. El roce de tus manos por mi cabello, o los besos que mis manos reciben de tu boca y que las hace sentir acariciadas y felices.
Es difícil no cerrar los ojos ante el abrazo. Es difícil no suspirar cerca de ti. Es difícil no sentir que el corazón estalla dentro de mí con cada segundo que pasa.
Qué difícil no quedarme. O no dejarte irte.
Es muy difícil no derretirme, diluirme, o no entregarme ante cada palabra, gesto, mirada o momento de risa.
Qué difícil no ceder ante la causalidad y sus mensajes.
Qué difícil es dejar de sonreír cada vez que te recuerdo.
Qué dificil  es no quererte cada día más.

Es difícil marcharme a solas. Solo lo hace más fácil la seguridad del próximo beso, de la próxima mirada y de la siguiente sorpresa. Solo lo hace más fácil, la seguridad que tiene mi alma de que a pesar de la distancia entre tu cama y la mía... hay una distancia interna que ya no es tal.

Es difícil, cada vez más difícil el último beso del día, de la noche o de la tarde.




lunes, octubre 24, 2011

Bienvenidas mariposas



Estando en Cataratas de Iguazú, vi una cantidad de mariposas que nunca había visto en mi vida. No parecían parte de  la naturaleza, parecían más bien otros visitantes más del parque. Ellas se montaban en los trenes, caminaban a nuestro lado, se sentaban en las banquetas verdes para descansar.

Una de ellas, creo que la más lanzada del grupo, se detuvo en mi brazo. Suave, delicada, gentil, casi imperceptible y, al mismo tiempo, hermosa, imponente, bella, presente, total.

Así me siento ahora. Exactamente así. Como cuando esa mariposa se detuvo a vivir unos segundos en mi brazo. Y logramos convivir juntas de una manera suave y sutil. Como quien sabe perfectamente que “algo” hermoso llegó y al mismo tiempo que nada pesa, que sus patas aterrizaron suavemente y sus colores se hacen notar.

Estoy embebida. Tomada. Con tal sutileza que parece que “nada” estuviera sucediendo. Y al mismo tiempo, estoy tomada, embebida y “todo” está sucediendo.



Bienvenidas mariposas.

domingo, julio 03, 2011

La gerencia al estilo del elefante encadenado


Hay un cuento que me gusta mucho que se llama "El elefante encadenado" (publicado en este blog en febrero de 2009, en el siguiente link http://rairam.blogspot.com/2009/02/el-elefante-encadenado.html)

El cuento narra cómo un elefante muy grande termina por creer que NO PUEDE arrancar la cadena que lo ata, por una simple razón: cuando era un infante, lo intentó y no pudo. Y pasado el tiempo, terminó por creer que ya no puede más.

Uso esta analogía como referencia a lo que veo ahora en mi país, ante la "ausencia física" del presidente Chávez.

Tengo la sensación de que este estilo de mando que ha tenido el presidente durante todos sus mandatos, lejos de hacerle bien a su propia gente, los ha disminuido. Ellos, sus ministros, sus diputados, sus funcionarios y sus mismos seguidores, son como este elefante encadenado. Creen que no pueden solos, creen que no pueden arrancar esa cadena ni ese clavo que los ata al suelo. Necesitan a "su amo", a quien los encadenó para que ahora los libere. Y eso me resulta triste.

Un ejemplo de ello es la necesidad constante de nombrarlo en cada discurso o palabra que se emite. O la necesidad de colocar su retrato a como dé lugar en cualquier acto, oficial o no. Necesitan la presencia del amo, porque sin él, no pueden seguir caminando. Al menos, eso es lo que parece desde afuera.

Es una forma triste de gerenciar un país. De manejar una historia.

Lo que quizá sería más triste es que la oposición caiga en este mismo rol y se convierta en un elefante encadenado más. Un gran animal que no puede avanzar porque el que manda en el circo no se encuentra presente.

Qué hará falta? Que nos creamos que somos animales más grandes, crecidos y posibles? Que creamos que ya somos adultos y podemos caminar por nuestra cuenta? Que pensemos que SI PODEMOS?

Si quieres leer el cuento del Elefante Encadenado, haz CLIC AQUÍ.

Raiza Ramírez
3 de julio de 2011

martes, febrero 15, 2011

Hace 50 años


A 50 años de aquél Carnaval



La historia dice que era martes de Carnaval. Era 14 de febrero de 1961. Mi mamá y sus hermanas salieron a la calle a mojar gente, como parte del juego de los días de Carnaval. Mi papá, al parecer ya había jugado suficiente y estaba vestido, bañado y tranquilo, sentado en una calle de Los Jardines del Valle. Mi mamá y sus hermanas mojaron a mi papá. Y allí fue cuando se conocieron. Ella tenía 17 y él 14.

Este 14 de febrero de 2011 cumplieron 50 años de haberse conocido. Siguen juntos. Y fueron a celebrar con un almuerzo.

Me encanta su historia. Con sus más y sus menos. Me encanta que sigan juntos. Y me gusta ver a mi mamá emocionada vistiéndose porque mi papá la viene a buscar para ir a celebrar sus 50 años juntos. Primero como amigos, luego como novios, como esposos, padres, compañeros... y un largo etcétera.

Gracias a ellos tengo mil cosas que decir y compartir. Ellos me formaron, me educaron, me han dado mucho amor y comprensión. Me han apoyado. Me regañaron en su momento. Me abrazaron y aún lo hacen. Compartimos. Los veo a diario. Soy afortunada de tenerlos. Y soy feliz por verlos juntos. Es el mejor regalo de San Valentín que pude recibir hoy.

miércoles, noviembre 17, 2010

La diferencia entre el pino y el pino de Navidad

Nos enamoramos ciegamente, dicen. Por lo menos así nos enamoramos mi amiga Mache y yo de nuestros queridos amores. Ciegamente. Llenas de ilusiones. Entregadas.

Hoy Marce me hizo la analogía perfecta de lo que sucede cuando te enamoras y luego cuando ese amor se va apagando.

La imagen de cuando te enamoras es:



Vemos a nuestro amor con estos ojos. Vemos a nuestros amores como Pinos de Navidad: hermosos, llenos de luces, regalos, detalles, bolitas hermosas, adornos espectatulares. Son los pinos más bellos que persona alguna puede mirar o tener en su casa. Son perfectos, destellantes, luminosos. El solo hecho de verlos ya es un regalo para la vista y para el alma.

Pero el tiempo y las acciones hacen que ciertas cosas cambian. Y con esas modificaciones, el pino también cambia. Y el Pino del desamor es así:


Es diferente al anterior. Es un pino hermoso, fuerte y con muchas cualidades, pero es solo un pino. Ya las lunes, los adornos y los regalos no están. Es un pino, hermoso como cualquier pino.

Y allí nos hacemos la pregunta: Quién cambia? Nosotras? Nuestro amor? O los Pinos?


Con mucho amor para mi querida Mache,

Raiza

jueves, octubre 14, 2010

Chile, sus mineros y sus estados de ánimo


Chile, sus mineros y sus estados de ánimo
desde la mirada Ontológica

Siempre nos encontramos en un estado de ánimo. Nos poseen y nosotros los poseemos a ellos. Nuestros movimientos de vida tienen que ver con esos estados de ánimo.

Según el Coaching Ontológico, nuestras acciones se mueven según el estado de ánimo en el que nos encontramos. Señalan además que no los elegimos, simplemente estamos allí.

Y aunque no elegimos ni controlamos a nuestros estados de ánimo, sí podemos –de acuerdo a la mirada del Coaching- ir modificando los mismos con nuestro accionar y encontrando una posibilidad de hacerlo de otra manera.

El Coaching Ontológico habla de cuatro estado de ánimo: resentimiento, resignación, paz y ambición.

¿Qué los diferencia? ¿Qué los distancia? ¿Cómo sé en cuál estoy?

Hay dos variables que marcan estos estados: lo fáctico y lo posible, por una parte; y la aceptación y el rechazo, por otra. Detallemos lo que se aprecia en la imagen.




Lo fáctico se refiere a esos hechos que NO puedo modificar.

La posibilidad se refiere a esas acciones que SI puedo hacer.

Y luego, como seres humanos nos podemos mover en este espacio de aceptar o rechazar, tanto los hechos como las posibilidades.

A saber y desde la mirada del Coaching Ontológico, me encuentro en RESENTIMIENTO, cuando rechazo lo fáctico. Es decir, cuando no acepto lo que está sucediendo y no puedo cambiar.

Me encuentro en PAZ, cuando acepto lo fáctico. Esto pasa cuando no me peleo con lo que está sucediendo y no puedo cambiar.

Estoy en RESIGNACIÓN, cuando rechazo lo posible. Cuando no acepto o no puedo mirar las posibilidades que existen y que pueden estar a mi alrededor.

Y me muevo desde la AMBICIÓN cuando acepto lo posible. Cuando tomo las posibilidades entre mis manos y desde allí acciono y me muevo.

El caso de Chile y sus Mineros




Al ver el caso de los 33 Mineros de Chile que pasaron 69 días atrapados en la mina de San José y que fueron rescatados, uno a uno, en un esfuerzo conjunto, pensé en este cuadrante de estados de ánimo. E imaginé que tanto los protagonistas de esta historia, como sus familiares y las autoridades vinculadas al caso, seguramente habrán pasado por estos estados de ánimo durante el tiempo que duró la historia.

El 5 de agosto de 2010, según indican los reportes de los medios de comunicación, los 33 mineros quedaron atrapados en su sitio de trabajo luego de un derrumbe. En un primer momento, ni ellos, ni los familiares, ni las autoridades sabían si el rescate podría darse de manera exitosa. Afuera, no sabían si los mineros estaban vivos o no.

¿Cuál podría ser el estado de ánimo de ese momento? Quizá el RESENTIMIENTO. El rechazar o no aceptar un hecho fáctico imposible de modificar. ¿Cómo modificar el derrumbe de la mina? ¿Cómo modificar el hecho de que estos 33 hombres se quedaron atrapados 700 metros bajo tierra?

Ahora bien, ¿Qué pasa si me quedo instalada en el RESENTIMIENTO? ¿Qué pasa si me paralizo en NO aceptar lo que NO se puede cambiar? Desde este estado de ánimo será difícil activar acciones que puedan llevarme a sentirme mejor. Si me instalo allí puede comenzar la desesperanza, en el caso de Chile, tanto para los que estaban encerrados como para los que estaban afuera –familiares y autoridades-.




El primer mensaje del Gobierno Chileno fue “Haremos todo lo humanamente posible para rescatar a los sobrevivientes”. ¿Qué estado de ánimo se puede encontrar detrás de esta frase? AMBICIÓN.

Por una parte, el Presidente Chileno indica que harán “lo humanamente posible”, desde el lenguaje esto habla de accionar desde LA POSIBILIDAD, desde lo que sí puede ser. Y en segundo lugar, habla de “rescatar a los sobrevivientes”. Aquí puede haber un dejo de PAZ (entre líneas), pues en el momento de emitir ese mensaje, aún no se sabía en qué estado de salud se encontraban los mineros y si estaban vivos todos. En la PAZ logro aceptar eso que no puedo cambiar, como por ejemplo, hubiera podido ser el hecho de que alguno de los trabajadores se encontrara lesionado o hubiera fallecido alguno en el derrumbe.

La RESIGNACIÓN pudo hacerse presente de una manera tenue, cuando el 12 de agosto (una semana luego del accidente), el Ministro de Minería expresa que son escasas las posibilidades de encontrar a los mineros con vida. A pesar de las posibilidades (diferentes formas de rescate), las acciones pudieron haberse paralizado por la falta de noticias de los 33 hombres atrapados bajo tierra.




Sin embargo, la AMBICIÓN parece haberse instalado desde el momento en que las autoridades recibieron un mensaje escrito en papel que decía “Estamos bien, los 33, en el refugio”. Ambición tanto para los mineros, como para los familiares y las autoridades a cargo del caso.

A partir de ese momento y hasta el 12 de octubre de 2010, en horas de la noche, cuando el Fénix 2 comenzó a bajar para rescatar a los 33 mineros más famosos y conocidos del momento, la AMBICIÓN sería el estado de ánimo que les permitió a todos los involucrados mover recursos, accionar y generar movimientos que finalizaron en un día completo lleno de emociones, lágrimas, abrazos y éxito.

Esa AMBICIÓN se traduce en ver las posibilidades y accionar en torno a ellas para lograr una meta o alcanzar un objetivo.

Para poder estar en la AMBICIÓN, necesito mirar esas posibilidades, ver lo que SÍ se puede hacer, e incluso buscar otros ojos que me ayuden a mirar (tal y como lo hizo el Gobierno Chileno al pedir ayuda a otros países como Suiza y Estados Unidos).

Para estar en la AMBICIÓN necesito una meta que, en este caso, estaba muy clara: rescatar a los 33 mineros, traerlos de regreso a la tierra.

Y este mismo estado de ánimo fue el que tuvo que estar presente en los mineros dentro del refugio donde se encontraban. La AMBICIÓN es el estado de ánimo que les permitió mantenerse saludables, activos, en movimiento a pesar del espacio reducido. Este mismo estado de ánimo los ayudó a organizarse, tener una rutina y aprovechar los recursos posibles y sus propios recursos. Organizaron tres grupos, les colocaron nombres, hubo líderes. Cada hombre fue reconocido por sus cualidades (uno de los mineros fue apodado “el médico” porque sabía más de primeros auxilios, por ejemplo)

Cada vez que veía salir el Fénix 2 y aparecía un nuevo minero saludable y lleno de emoción abrazando a sus familiares y a las autoridades que los esperaron a todos durante las casi 24 horas que duró el rescate, pensaba en esa palabra y lo poderosa que puede ser: AMBICIÓN. Y me decía: ese es el estado de ánimo que movilizó al país entero para poder lograr esta hazaña. Es este el estado de ánimo en el que se pudieron mover los involucrados en el caso para accionar desde las posibilidades y alcanzar la meta.



Cuando llegó la noche del 13 de octubre y el Presidente de Chile agradeció a todos y dijo que era el tiempo del descanso, se cerró este capítulo de la historia chilena. Y creo que hay un gran aprendizaje dentro de ella.

Las últimas preguntas que quisiera hacer en este escrito son más bien reflexivas: ¿En qué estado de ánimo te encuentras? ¿Lo logras identificar? ¿Quieres estar allí? ¿Hacia dónde deseas moverte? ¿Qué ganas y qué pierdes si te quedas en el estado en el que estás? El tiempo es AHORA. Y seguro que lo puedes hacer.


Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares
Actualmente cursando la Formación de Coaching en Indelser, Venezuela.

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