domingo, octubre 30, 2011

Qué difícil!


Qué difícil cada chao. Qué difícil cada despedida. Cada último beso del día, de la noche o de la tarde.
Qué difícil no dejarte mi corazón en consignación en cada encuentro.
Qué difícil no perderme en tu aliento.
Qué difícil olvidar tu olor. El roce de tus manos por mi cabello, o los besos que mis manos reciben de tu boca y que las hace sentir acariciadas y felices.
Es difícil no cerrar los ojos ante el abrazo. Es difícil no suspirar cerca de ti. Es difícil no sentir que el corazón estalla dentro de mí con cada segundo que pasa.
Qué difícil no quedarme. O no dejarte irte.
Es muy difícil no derretirme, diluirme, o no entregarme ante cada palabra, gesto, mirada o momento de risa.
Qué difícil no ceder ante la causalidad y sus mensajes.
Qué difícil es dejar de sonreír cada vez que te recuerdo.
Qué dificil  es no quererte cada día más.

Es difícil marcharme a solas. Solo lo hace más fácil la seguridad del próximo beso, de la próxima mirada y de la siguiente sorpresa. Solo lo hace más fácil, la seguridad que tiene mi alma de que a pesar de la distancia entre tu cama y la mía... hay una distancia interna que ya no es tal.

Es difícil, cada vez más difícil el último beso del día, de la noche o de la tarde.




lunes, octubre 24, 2011

Bienvenidas mariposas



Estando en Cataratas de Iguazú, vi una cantidad de mariposas que nunca había visto en mi vida. No parecían parte de  la naturaleza, parecían más bien otros visitantes más del parque. Ellas se montaban en los trenes, caminaban a nuestro lado, se sentaban en las banquetas verdes para descansar.

Una de ellas, creo que la más lanzada del grupo, se detuvo en mi brazo. Suave, delicada, gentil, casi imperceptible y, al mismo tiempo, hermosa, imponente, bella, presente, total.

Así me siento ahora. Exactamente así. Como cuando esa mariposa se detuvo a vivir unos segundos en mi brazo. Y logramos convivir juntas de una manera suave y sutil. Como quien sabe perfectamente que “algo” hermoso llegó y al mismo tiempo que nada pesa, que sus patas aterrizaron suavemente y sus colores se hacen notar.

Estoy embebida. Tomada. Con tal sutileza que parece que “nada” estuviera sucediendo. Y al mismo tiempo, estoy tomada, embebida y “todo” está sucediendo.



Bienvenidas mariposas.

domingo, julio 03, 2011

La gerencia al estilo del elefante encadenado


Hay un cuento que me gusta mucho que se llama "El elefante encadenado" (publicado en este blog en febrero de 2009, en el siguiente link http://rairam.blogspot.com/2009/02/el-elefante-encadenado.html)

El cuento narra cómo un elefante muy grande termina por creer que NO PUEDE arrancar la cadena que lo ata, por una simple razón: cuando era un infante, lo intentó y no pudo. Y pasado el tiempo, terminó por creer que ya no puede más.

Uso esta analogía como referencia a lo que veo ahora en mi país, ante la "ausencia física" del presidente Chávez.

Tengo la sensación de que este estilo de mando que ha tenido el presidente durante todos sus mandatos, lejos de hacerle bien a su propia gente, los ha disminuido. Ellos, sus ministros, sus diputados, sus funcionarios y sus mismos seguidores, son como este elefante encadenado. Creen que no pueden solos, creen que no pueden arrancar esa cadena ni ese clavo que los ata al suelo. Necesitan a "su amo", a quien los encadenó para que ahora los libere. Y eso me resulta triste.

Un ejemplo de ello es la necesidad constante de nombrarlo en cada discurso o palabra que se emite. O la necesidad de colocar su retrato a como dé lugar en cualquier acto, oficial o no. Necesitan la presencia del amo, porque sin él, no pueden seguir caminando. Al menos, eso es lo que parece desde afuera.

Es una forma triste de gerenciar un país. De manejar una historia.

Lo que quizá sería más triste es que la oposición caiga en este mismo rol y se convierta en un elefante encadenado más. Un gran animal que no puede avanzar porque el que manda en el circo no se encuentra presente.

Qué hará falta? Que nos creamos que somos animales más grandes, crecidos y posibles? Que creamos que ya somos adultos y podemos caminar por nuestra cuenta? Que pensemos que SI PODEMOS?

Si quieres leer el cuento del Elefante Encadenado, haz CLIC AQUÍ.

Raiza Ramírez
3 de julio de 2011

martes, febrero 15, 2011

Hace 50 años


A 50 años de aquél Carnaval



La historia dice que era martes de Carnaval. Era 14 de febrero de 1961. Mi mamá y sus hermanas salieron a la calle a mojar gente, como parte del juego de los días de Carnaval. Mi papá, al parecer ya había jugado suficiente y estaba vestido, bañado y tranquilo, sentado en una calle de Los Jardines del Valle. Mi mamá y sus hermanas mojaron a mi papá. Y allí fue cuando se conocieron. Ella tenía 17 y él 14.

Este 14 de febrero de 2011 cumplieron 50 años de haberse conocido. Siguen juntos. Y fueron a celebrar con un almuerzo.

Me encanta su historia. Con sus más y sus menos. Me encanta que sigan juntos. Y me gusta ver a mi mamá emocionada vistiéndose porque mi papá la viene a buscar para ir a celebrar sus 50 años juntos. Primero como amigos, luego como novios, como esposos, padres, compañeros... y un largo etcétera.

Gracias a ellos tengo mil cosas que decir y compartir. Ellos me formaron, me educaron, me han dado mucho amor y comprensión. Me han apoyado. Me regañaron en su momento. Me abrazaron y aún lo hacen. Compartimos. Los veo a diario. Soy afortunada de tenerlos. Y soy feliz por verlos juntos. Es el mejor regalo de San Valentín que pude recibir hoy.

miércoles, noviembre 17, 2010

La diferencia entre el pino y el pino de Navidad

Nos enamoramos ciegamente, dicen. Por lo menos así nos enamoramos mi amiga Mache y yo de nuestros queridos amores. Ciegamente. Llenas de ilusiones. Entregadas.

Hoy Marce me hizo la analogía perfecta de lo que sucede cuando te enamoras y luego cuando ese amor se va apagando.

La imagen de cuando te enamoras es:



Vemos a nuestro amor con estos ojos. Vemos a nuestros amores como Pinos de Navidad: hermosos, llenos de luces, regalos, detalles, bolitas hermosas, adornos espectatulares. Son los pinos más bellos que persona alguna puede mirar o tener en su casa. Son perfectos, destellantes, luminosos. El solo hecho de verlos ya es un regalo para la vista y para el alma.

Pero el tiempo y las acciones hacen que ciertas cosas cambian. Y con esas modificaciones, el pino también cambia. Y el Pino del desamor es así:


Es diferente al anterior. Es un pino hermoso, fuerte y con muchas cualidades, pero es solo un pino. Ya las lunes, los adornos y los regalos no están. Es un pino, hermoso como cualquier pino.

Y allí nos hacemos la pregunta: Quién cambia? Nosotras? Nuestro amor? O los Pinos?


Con mucho amor para mi querida Mache,

Raiza

jueves, octubre 14, 2010

Chile, sus mineros y sus estados de ánimo


Chile, sus mineros y sus estados de ánimo
desde la mirada Ontológica

Siempre nos encontramos en un estado de ánimo. Nos poseen y nosotros los poseemos a ellos. Nuestros movimientos de vida tienen que ver con esos estados de ánimo.

Según el Coaching Ontológico, nuestras acciones se mueven según el estado de ánimo en el que nos encontramos. Señalan además que no los elegimos, simplemente estamos allí.

Y aunque no elegimos ni controlamos a nuestros estados de ánimo, sí podemos –de acuerdo a la mirada del Coaching- ir modificando los mismos con nuestro accionar y encontrando una posibilidad de hacerlo de otra manera.

El Coaching Ontológico habla de cuatro estado de ánimo: resentimiento, resignación, paz y ambición.

¿Qué los diferencia? ¿Qué los distancia? ¿Cómo sé en cuál estoy?

Hay dos variables que marcan estos estados: lo fáctico y lo posible, por una parte; y la aceptación y el rechazo, por otra. Detallemos lo que se aprecia en la imagen.




Lo fáctico se refiere a esos hechos que NO puedo modificar.

La posibilidad se refiere a esas acciones que SI puedo hacer.

Y luego, como seres humanos nos podemos mover en este espacio de aceptar o rechazar, tanto los hechos como las posibilidades.

A saber y desde la mirada del Coaching Ontológico, me encuentro en RESENTIMIENTO, cuando rechazo lo fáctico. Es decir, cuando no acepto lo que está sucediendo y no puedo cambiar.

Me encuentro en PAZ, cuando acepto lo fáctico. Esto pasa cuando no me peleo con lo que está sucediendo y no puedo cambiar.

Estoy en RESIGNACIÓN, cuando rechazo lo posible. Cuando no acepto o no puedo mirar las posibilidades que existen y que pueden estar a mi alrededor.

Y me muevo desde la AMBICIÓN cuando acepto lo posible. Cuando tomo las posibilidades entre mis manos y desde allí acciono y me muevo.

El caso de Chile y sus Mineros




Al ver el caso de los 33 Mineros de Chile que pasaron 69 días atrapados en la mina de San José y que fueron rescatados, uno a uno, en un esfuerzo conjunto, pensé en este cuadrante de estados de ánimo. E imaginé que tanto los protagonistas de esta historia, como sus familiares y las autoridades vinculadas al caso, seguramente habrán pasado por estos estados de ánimo durante el tiempo que duró la historia.

El 5 de agosto de 2010, según indican los reportes de los medios de comunicación, los 33 mineros quedaron atrapados en su sitio de trabajo luego de un derrumbe. En un primer momento, ni ellos, ni los familiares, ni las autoridades sabían si el rescate podría darse de manera exitosa. Afuera, no sabían si los mineros estaban vivos o no.

¿Cuál podría ser el estado de ánimo de ese momento? Quizá el RESENTIMIENTO. El rechazar o no aceptar un hecho fáctico imposible de modificar. ¿Cómo modificar el derrumbe de la mina? ¿Cómo modificar el hecho de que estos 33 hombres se quedaron atrapados 700 metros bajo tierra?

Ahora bien, ¿Qué pasa si me quedo instalada en el RESENTIMIENTO? ¿Qué pasa si me paralizo en NO aceptar lo que NO se puede cambiar? Desde este estado de ánimo será difícil activar acciones que puedan llevarme a sentirme mejor. Si me instalo allí puede comenzar la desesperanza, en el caso de Chile, tanto para los que estaban encerrados como para los que estaban afuera –familiares y autoridades-.




El primer mensaje del Gobierno Chileno fue “Haremos todo lo humanamente posible para rescatar a los sobrevivientes”. ¿Qué estado de ánimo se puede encontrar detrás de esta frase? AMBICIÓN.

Por una parte, el Presidente Chileno indica que harán “lo humanamente posible”, desde el lenguaje esto habla de accionar desde LA POSIBILIDAD, desde lo que sí puede ser. Y en segundo lugar, habla de “rescatar a los sobrevivientes”. Aquí puede haber un dejo de PAZ (entre líneas), pues en el momento de emitir ese mensaje, aún no se sabía en qué estado de salud se encontraban los mineros y si estaban vivos todos. En la PAZ logro aceptar eso que no puedo cambiar, como por ejemplo, hubiera podido ser el hecho de que alguno de los trabajadores se encontrara lesionado o hubiera fallecido alguno en el derrumbe.

La RESIGNACIÓN pudo hacerse presente de una manera tenue, cuando el 12 de agosto (una semana luego del accidente), el Ministro de Minería expresa que son escasas las posibilidades de encontrar a los mineros con vida. A pesar de las posibilidades (diferentes formas de rescate), las acciones pudieron haberse paralizado por la falta de noticias de los 33 hombres atrapados bajo tierra.




Sin embargo, la AMBICIÓN parece haberse instalado desde el momento en que las autoridades recibieron un mensaje escrito en papel que decía “Estamos bien, los 33, en el refugio”. Ambición tanto para los mineros, como para los familiares y las autoridades a cargo del caso.

A partir de ese momento y hasta el 12 de octubre de 2010, en horas de la noche, cuando el Fénix 2 comenzó a bajar para rescatar a los 33 mineros más famosos y conocidos del momento, la AMBICIÓN sería el estado de ánimo que les permitió a todos los involucrados mover recursos, accionar y generar movimientos que finalizaron en un día completo lleno de emociones, lágrimas, abrazos y éxito.

Esa AMBICIÓN se traduce en ver las posibilidades y accionar en torno a ellas para lograr una meta o alcanzar un objetivo.

Para poder estar en la AMBICIÓN, necesito mirar esas posibilidades, ver lo que SÍ se puede hacer, e incluso buscar otros ojos que me ayuden a mirar (tal y como lo hizo el Gobierno Chileno al pedir ayuda a otros países como Suiza y Estados Unidos).

Para estar en la AMBICIÓN necesito una meta que, en este caso, estaba muy clara: rescatar a los 33 mineros, traerlos de regreso a la tierra.

Y este mismo estado de ánimo fue el que tuvo que estar presente en los mineros dentro del refugio donde se encontraban. La AMBICIÓN es el estado de ánimo que les permitió mantenerse saludables, activos, en movimiento a pesar del espacio reducido. Este mismo estado de ánimo los ayudó a organizarse, tener una rutina y aprovechar los recursos posibles y sus propios recursos. Organizaron tres grupos, les colocaron nombres, hubo líderes. Cada hombre fue reconocido por sus cualidades (uno de los mineros fue apodado “el médico” porque sabía más de primeros auxilios, por ejemplo)

Cada vez que veía salir el Fénix 2 y aparecía un nuevo minero saludable y lleno de emoción abrazando a sus familiares y a las autoridades que los esperaron a todos durante las casi 24 horas que duró el rescate, pensaba en esa palabra y lo poderosa que puede ser: AMBICIÓN. Y me decía: ese es el estado de ánimo que movilizó al país entero para poder lograr esta hazaña. Es este el estado de ánimo en el que se pudieron mover los involucrados en el caso para accionar desde las posibilidades y alcanzar la meta.



Cuando llegó la noche del 13 de octubre y el Presidente de Chile agradeció a todos y dijo que era el tiempo del descanso, se cerró este capítulo de la historia chilena. Y creo que hay un gran aprendizaje dentro de ella.

Las últimas preguntas que quisiera hacer en este escrito son más bien reflexivas: ¿En qué estado de ánimo te encuentras? ¿Lo logras identificar? ¿Quieres estar allí? ¿Hacia dónde deseas moverte? ¿Qué ganas y qué pierdes si te quedas en el estado en el que estás? El tiempo es AHORA. Y seguro que lo puedes hacer.


Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares
Actualmente cursando la Formación de Coaching en Indelser, Venezuela.

sábado, agosto 28, 2010

La empresa con un solo empleado


Por muchos años esta mujer tuvo y mantuvo una empresa de múltiples empleados. Estaba tan atareada con sus ocupaciones que se olvidó de ella misma. A veces no se pagaba el sueldo, hubo años en los que no vio utilidades. Hubo momentos en los que una conversación para desahogarse era necesaria, pero prefería utilizar sus oídos para atender a sus empleados, a esos que dependían de ella. En el fondo, era feliz. En el fondo, era infeliz. De cualquier manera, pensó que valía la pena este sacrificio.

Pasó el tiempo. Sus empleados fueron creciendo, cambiando, mutando. Fueron sintiendo otras cosas. Comenzaron a necesitar cambios. Fueron renunciando. Poco a poco, uno a uno. La mujer, jefe por mucho tiempo de esa empresa maravillosa, casi no notó los cambios. Estaba inmersa y dedicada a hacerlos a todos los que estaban muy felices. Su vida seguía más o menos igual. A veces no cobraba sueldo, casi no pasaba por su oficina.


Un día, un día que amaneció diferente. La mujer llegó a su empresa, a su bella empresa y se quedó perpleja. No había nadie. Ni un alma. Estaba todo vacío. El primer sentimiento que la invadió fue la sorpresa. No lo podía creer. Buscó en su libro de empleados y solo le quedaba uno en la nómina: ella misma.

Luego de la sorpresa llegó la tristeza. Se sentía sola. Profundamente sola. Ya no tenía a quién atender y a quién solucionarle sus temas laborales. Ahora el negocio no solo dependía de ella, sino que era solo para ella.

Pasó un tiempo antes de que pudiera disfrutar esta nueva empresa unipersonal en la que se había convertido su vida. El día que comprendió que los ingresos eran todos para ella en este momento, el día que supo que las utilidades ya no las tendría que compartir, el día que se dio cuenta que tenía mucho tiempo para ella y sus necesidades, ese día comenzó a disfrutar su propia empresa, su propia historia, su propia vida.



NOTA:
Esta historia es una analogía de alguien que en vez de dedicarse a vivir su propio destino, por amor a los suyos, decidió hacerse cargo de su familia por muchos años, olvidándose de ella misma.
Luego de hacer un movimiento de Constelaciones Familiares, su empresa quedó sin empleados y ella comenzó a hacerse cargo de su propio destino. Primero, con mucho dolor; luego, con mucho amor por ella misma y por los suyos.





Los que nos aman sonríen cuando nosotros somos felices.
Los que nos aman lloran cuando nosotros lloramos.
El sacrificio no hace crecer a la familia. El movimiento sí!

Autor del texto: Raiza Ramírez

lunes, agosto 23, 2010

El Terapeuta en Constelaciones Familiares


Después de algunos años (no tantos) de experiencia con el trabajo de Constelaciones Familiares me atrevo a escribir algunas ideas del rol del facilitador que aplica este tipo de terapia, bien sea para grupos o de manera individual. Son reflexiones basadas en la experiencia y sobre todo en el trabajo con los grupos de formación. Es mi humilde visión. No una verdad absoluta.



Una de las primeras frases que me viene a la mente cuando pienso en un terapeuta de Constelaciones Familiares es la siguiente: “El constelador pone el 50% en el trabajo y el otro 50% lo coloca el paciente”. Éste es un buen comienzo de la consulta.

Técnicamente hay varias maneras de hacer una constelación. Creo que el estilo y los recursos de cada terapeuta son lo que marcarán la diferencia en cada caso. Y no hay casos iguales.

Ver a cada persona como única y a su tema y a su familia como algo único es quizá una de las mejores herramientas que podemos tener para abordar un caso. Es importante no dar nada por sentado.

Otra de las ideas importantes es el lugar que ocupo como terapeuta. No se más que mi paciente, jamás. Él es quien sabe su historia y la cuenta como puede. Yo solo soy una hormiga delante de su sistema. De su sistema perfecto como es.

Mi trabajo tiene que ver con mirar compasivamente al que tengo en frente y saber que ha hecho lo mejor para su familia, aunque sea desde el amor ciego, infantil y con la lealtad ciega que caracteriza a los embrollos sistémicos.

Lo primero es no juzgar. En ningún momento. No hay buenos ni malos. Los hilos de cada familia se tejen como pueden. Y así es perfecto. El trabajo, a través de la entrevista o preguntas tiene que ver más con encontrar repeticiones, ver a quién o a qué se excluyó y cómo ese sistema familiar encontró su forma de compensación para mantenerse.

Hay dos preguntas que suelo hacer al principio del trabajo y que me gustan mucho. No son originales ni de mi creación. Las he tomado prestadas de gente que sabe mucho más que yo, como Carola Castillo y Joan Garriga.

Las preguntas son simples y muy complejas al mismo tiempo:
1) ¿Cuál es tu tema o qué quieres mirar?
2) Si hacemos la constelación, ¿Qué vas a lograr?, ¿Qué va a cambiar o será diferente?











Una vez hecha la entrevista, seleccionado el tema y conversado con el paciente, el terapeuta escoge los representantes con los que se comienza el trabajo. Hay un principio que me gusta aplicar y que aprendí en la formación: mientras menos, mejor. Esto quiere decir que mientras menos representantes escojamos, puede ser mejor para el trabajo.

Cuando tenemos a los representantes ubicados, comienza el trabajo. Bien sea individual o grupal la constelación, es importante que al sistema se le dé un tiempo para comience el movimiento. Aquí es donde es importante la espera y la observación.

Es fundamental ver los movimientos corporales de los representantes que están dentro de la Constelaciones. Y también es muy importante conectarse con el trabajo para percibir qué emociones pueden manifestarse en el trabajo.

Personalmente, creo que el trabajo es en una gran medida fenomenológico. Es decir, seguimos el movimiento tal y como se va dando. Solo lo seguimos. Desde la observación.

Dejamos a un lado el miedo y lo transformamos en respeto. Dejamos a un lado las intenciones de que venga lo que creemos que es “la solución” y las transformamos en un asentimiento y rendición ante lo que es más grande que nosotros. Miramos y acompañamos al paciente en esta mirada. No le explicamos nada. A veces si la mente no entiende, lo estamos haciendo muy bien. Este trabajo, ha dicho Bert Hellinger, que es para el alma y para el gran alma familiar.

Respetamos los movimientos que se den. Esto forma parte de asentir al sistema del otro. No buscamos un final feliz en la Constelación, a pesar de que las palabras de resolución que indiquemos sean para que todo el sistema esté un poco mejor que cuando empezamos.

Posteriormente a los movimientos, integración de nuevos representantes (o no) y nuevos movimientos del sistema, vienen las palabras de resolución. Si bien hay algunas frases muy utilizadas en los trabajos de Constelaciones, he integrado la posibilidad de que los representantes o el cliente diga lo que desee y le nazca decir.

Uno de los “secretos” de las Constelaciones es que las frases de resolución deberían funcionar para el sistema entero y sabemos que decimos la frase indicada, cuando le persona luego de pronunciarla respira profundamente, reporta un alivio o dice sentirse mejor que antes. Ese es el trabajo. Sin intención de que suceda. Solo va a suceder lo que tenga que suceder.

El cierre del trabajo depende igualmente de cada terapeuta y su estilo. Hay quienes terminan con una frase de reflexión o con una tarea. Otros, pueden usar un anclaje sobre lo que se vio en el trabajo, esto quiere decir, una frase que quede grabada en el cliente.

Personalmente, suelo revisar o chequear con el paciente cómo se siente ante el trabajo realizado. Y le indico que puede hacer una pregunta y que puede que yo la conteste o no. Lo anterior no es un acto de soberbia, es que el trabajo del constelador no está en explicar lo que se hizo. El movimiento es invisible y poderoso. Y se lleva dentro.

Hay muchas preguntas que pueden surgir, especialmente para las personas que están comenzando a transitar esta vía. La mejor manera de responder esas dudas es trabajando. Con respeto y sin miedo. De a poco. Llegando hasta donde puedo y hasta donde puede mi paciente. No forzando la barra ni deseando realizar algún movimiento en particular. Dejar la intención a un lado es la mejor garantía de que el trabajo se dará como tiene que darse.

El sistema es lo suficientemente parlanchín o chismoso como para forzarlo. Nuestro trabajo realmente consiste en tener los ojos bien abiertos, así como el corazón, para acompañar sin juicios, intenciones y con mucho respeto a quien amorosamente nos pide que lo ayudemos a mirar.

En pocas palabras: respeto, asentimiento, no juicios, no miedo, ojos abiertos y la conciencia de que mi paciente y su destino van de la mano. Y que mi destino y yo también lo hacemos.



Autor del texto: Raiza Ramírez
Psicoterapeuta Gestalt y Terapeuta en Constelaciones Familiares.

domingo, julio 25, 2010

Hermano de Marcel Rasquín

"Hermano" de Marcel Rasquín
Todos unidos: en la vida y en la muerte



Acabo de ver la película "Hermano". Dirigida por el venezolano Marcel Rasquín. Para resumir mi sentir ante la cinta, puedo combinar las palabras: belleza y rudeza -con la misma intensidad-.

Rasquín se mueve y nos muestra la vida y la muerte con la misma profundidad. Sin matices, sin bemoles. Directamente. Con un lenguaje absolutamente real. Con un amor profundísimo. Con grandes raíces.

"Hermano" es una de esas películas que te guste o no, eso no importa, no se te olvida tan fácil. Es una cinta en la que el corazón del espectador se sale de la silla y se mete en la pantalla. Parece que no hay manera de que no te importe la historia. No hay manera de que la película te pase por encima. Es una película hecha y mostrada desde las entrañas. Así la vi yo.

Si hay algo que sale a relucir de la historia de Rasquín es el factor sorpresa. Lo no predecible. Personalmente, no me imaginé ninguna de las posibilidades de la película. Ninguna. Desde la primera escena quedé con la boca abierta. Y al final, me costó pararme de la silla. Aún estaba digiriendo el final. Un final de pocas palabras, imágenes obvias y un mensaje que no necesitaba una palabra: solo una mirada.

Rescato también el guión. Tiene frases maravillosas. Es corto. No exagera en el uso de nuestro lenguaje. Y al mismo tiempo es tan real, tan cercano. Así hablamos los venezolanos. Así somos. Así como se muestra ahí.

Soy solo una cinéfila. No una experta en... Sin embargo, la cinematrografía me llegó profundamente. Hay imágenes como para poner en pausa y quedarse allí un rato. Ese es otro de los logros de Rasquín en ésta, su ópera prima.

Al final, no sabemos si el autor usó al fútbol como una excusa para contar una historia familiar y desgarradora. O fue al revés, y usó el intrincado mundo de los barrios venezolanos para contarnos una historia de fútbol. Me encanta eso. Me encanta que en una película haya más de una cara. Y que nos de la oportunidad al espectador de ver más de una historia, más de una cara, más de una verdad. Bien por eso!

Sobre las relaciones familiares: un atrevimiento

Me resulta terriblemente tentador escribir sobre "Hermano" desde la mirada de Constelaciones Familiares. Es un atrevimiento, quizá. Y al mismo tiempo, es inevitable para mí, mirar con ojos sistémicos esta historia. Aquí voy. De entrada, ofrezco mis disculpas si alguno se ofende o no está de acuerdo.

Ya solo el título de la película "Hermano" nos hace pensar en la familia. Dos muchachos, hermanos de la vida. Unidos por la crianza, por una madre amorosa, por un deporte, por el barrio. Y separados por pensamientos, ideales, esencias, formas, maneras. ¿Quién lo hizo mejor que el otro? No lo sabemos. Cada uno hizo lo suyo.

Hay dos muchachos criados por la misma mujer, en el mismo barrio y con las mismas limitaciones y oportunidades. ¿Qué los diferencia? ¿Qué los une?

Un niño es encontrado en medio de la basura. “Le salvan la vida”, como él mismo lo dice varias veces en el film. Aquí vemos la dinámica vinculada a la adopción: los padres le dieron la vida y esta mujer que lo recoge entre las bolsas es la que lo mantiene con vida. A ella y a su hermano de crianza, el Gato, les debe la vida y sería capaz de darla por ellos. Así es la lealtad familiar.

Si bien son dos hermanos, en esta unidad familiar “no hay” padre. Los integrantes de esta familia son: mamá, Julio y el Gato. En Constelaciones Familiares decimos que el sistema no acepta espacios vacíos, de tal manera que ¿quién toma el lugar del padre? Pareciera que es Julio. Quien hace las veces del líder de la casa, el que le presta dinero a mamá (sin importar dónde consigue el dinero), a quien el gato mira como una figura “superior”.

Estos hermanos son dos caras de la misma moneda. El blanco y el negro. El bueno y el malo. Sueños diferentes. El bien y el mal y la vida y la muerte están vinculadas de manera constante en esta cinta. Mostrando también el tema de la compensación y el balance, tan importante cuando trabajamos desde la mirada de Constelaciones Familiares. Cuando hay solo maldad, la bondad necesita aparecer y asomarse, pues eso genera balance. Cuando hay solo bondad, la maldad necesita aparecer y asomarse, eso genera balance. Julio y Daniel son la muestra perfecta de este balance. ¿Quién compensa a quién? Esa es la gran pregunta.

Otro tema fundamental que está vinculado con Constelaciones Familiares es cómo la muerte sigue a la muerta (en ocasiones y cuando no la queremos mirar) En una familia, cuando alguien muere y esta desaparición genera mucho dolor, puede haber otro miembro del sistema que decida “seguir en la muerte” a su familiar, creyendo que de esta manera todo el sistema estará mejor. Es como pensar que ese precio “está bien” para todos.

Es difícil decir qué es lo correcto o lo incorrecto. Quién lo hizo bien o mal. Todos lo hacen como pueden. Y a veces pagamos un cheque muy alto o grande por amor a los nuestros. Esto es parte de pertenecer al sistema. Y esto queda claro en la película “Hermano”: es el amor lo que mueve al sistema.

Raiza Ramirez

viernes, julio 02, 2010

Querido Abuelo Luis


Abuelo hermoso. Hola!
Tengo 35 años. Te fuiste cuando yo tenía 7.

Te recuerdo de una manera tan clara, nítida y perfecta.

Apenas llegábamos a casa de la abuela, corría al balcón a buscarte. Sabía que estarías allí, escuchando tu radio y tus tangos, con tu franelilla blanca y tu pantalón, peinado perfecto como si fueras a salir, con tus cholas negras. Allí, sentado, tranquilo, mirando a la nada. Me agarraba a ti con fuerza. Te abrazaba con mucho amor. Y tú a mi, claro está. Yo era tu princesa, como me decías tú.

Te recuerdo preguntándonos a todos si necesitábamos usar el baño, porque tú te ibas a meter a bañar y cuando eso pasaba, podías estar mucho rato allí adentro.

Te recuerdo cuando te ibas a jugar bingo en nuestra casa. No te parecía que Ricardo y yo pasáramos la tarde solos en el apartamento. Agarrabas a mi abuela y te presentabas en nuestro apartamento. Jugábamos Bingo y así estabas con nosotros.

Te recuerdo sentado en la cabecera de la mesa. Ese era tu lugar y nadie podía sentarse allí.

Recuerdo los domingos en tu casa. Íbamos todos a pasar la tarde y merendar con ustedes. Al final, en la despedida, siempre me dabas una moneda de dos bolívares. Era una fortuna en esos tiempos. El último día que te vi (que yo recuerde), sacaste todas las monedas de tu bolsillo, las pusiste en tu mano y me pediste que eligiera "la que me tocaba". Estabas enfermo y no lo sabíamos. Ya no sabías cuál moneda era cuál. Yo me di cuenta aunque no lo entendí.

















Te fuiste tan rápido que no hubo tiempo de mucho. 12 horas bastaron para que tu sangre dejara de estar "limpia". Una gangrena gaseosa, aunque aún no sé qué significa ese término, eso fue lo que siempre dijeron que te pasó. Una bacteria te envenenó la sangre y no pudieron (pudimos) hacer nada para que siguieras vivo, con nosotros.

Fue un viernes. Lo recuerdo tan claro como si lo estuviera viviendo ahora mismo. Yo tenía 7 años y mi hermano 13. Pasamos una tarde normal en nuestra casa. Pero las cosas comenzaron a ser diferentes cuando eran más de las 5 p.m. y mi mamá no llegaba. Ella los viernes llegaba más temprano. Se hizo de noche. Y nada que llegaba mi mamá. Lo recuerdo. Mi pequeña alma sabía que "algo" estaba pasando.

Sonó el teléfono. Atendió mi hermano. La conversación fue breve. No se qué le dijeron, solo se lo que él me dijo a mí: nos vamos a casa de Amalia (nuestra queridísima vecina). Yo brinqué de la emoción. En mi total inocencia, me parecía genial ir a cenar en casa de Amalia (que siempre ha cocinado divino y era muy generosa con sus porciones) y luego jugar con mis amigas del alma Carola y Mariella. Noche perfecta! ¿Cómo iba a saber que te estabas muriendo mientras tanto? No había forma de saberlo.

Comimos. Jugamos. Brincamos. Jodimos un montón. Dormimos.

No recuerdo a mi hermano en esas escenas. Imagino que él a sus 13 sí sabía lo que te estaba pasando. Lo que nos estaba pasando a todos esa noche.

Llegó la mañana. La escena era extraña. Yo no lo entendí en ese momento. Un grupo de 4 ó 5 vecinos se reunieron bien temprano en la sala de la casa de Amalia. Mi mamá estaba vestida con una camisa beige y un pantalón marrón. La recuerdo triste. Yo solo la abracé por las piernas, por donde yo la alcanzaba.

Mi mamá y mi hermano se fueron. Yo me quedé en casa de Amalia. Inocente. Sin saber nada. Ya te habías ido.

En la tarde, Carolina, me llevó al balcón. Se puso seria, muy seria para sus 8 años. Y me dijo que tenía algo importante que decirme, pero que no podía llorar o gritar. Yo le dije que estaba bien, que me dijera. Y soltó la frase: "Tu abuelo se murió". No me dieron ganas de llorar ni de gritar. Creo que lo que sentí fue un verdadero alivio. Ahora sí entendía este viernes y este sábado tan raro de mi vida. Ahora entendía la trsiteza de mi mamá, el silencio de mi hermano. Y solo me pregunté: "¿Se habrá ido al cielo?".

El juego siguió. Cuando tienes 7 años, el tiempo es relativo y la noción del tiempo lejana. Llegó la tarde y con ella mi mamá. La vi más flaca que nunca. Tristísima. Pero ahora ya yo sabía la razón. Caminamos juntas por el pasillo. Ella me llevaba de la mano. Y yo solo atiné a preguntarte en la puerta de nuestro apartamento: "¿Mi abuelo está en el cielo?". Y ella me dijo que sí. Esa noche nos quedamos en su cuarto. Con la luz apagada. Así comió ella, lo poco que pudo comer. El dolor era pesado, aplastante.

Yo no podía hacer nada. Ni por ti, ni por ella, ni por mi hermano. Ni por mí. Pero en ese momento yo no lo sabía.

Fueron pasando los días. Todas tus hijas y mi tío Luis estaban super tristes. La casa de la abuela se sumió en un silencio total. Todas vestían de negro. Yo las miraba sin entender mucho.

Mi mamá estaba tan triste. Y mi hermano. Y yo. Y mi papá. Y todos. ¡Qué dolor abuelito! ¡Qué dolor que te hayas ido! Ya no iban a haber más monedas de dos bolívares, ni más tango en el balcón, ni más bingos en mi casa, ni más abrazos tuyos. Ya no.

En mis sueños infantiles, me imaginaba que un día ibas a aparecer y nos ibas a decir que todo fue una broma. En mis sueños infantiles, me hacía la fantasía de que quizá tú tenías un hermano gemelo en otras tierras que vendría a ocupar tu lugar (yo ya a esa edad veía telenovelas) Yo solo quería que volvieras.

Reclamé muchas veces mientras iba creciendo que no me habían dicho nada de tu muerte. Era puro dolor Abuelito, puras ganas de volverte a ver, de haberte podido mirar otra vez.

A los 16 años soñé contigo. El sueño era así: Yo entraba a un cuarto en casa de mi abuela y te encontraba allí. Estabas muerto, eras un fantasma. Al principio me asusté, pero luego la emoción de "volverte a ver" cubrió cualquier susto y comencé a hablarte como loca. No podía parar. Empecé a explicarte que yo nunca supe nada, que no me habían dicho, que por eso no había ido a tu entierro y mil cosas más. Tú, en una paz perfecta, me dijiste que no me preocupara, que tú sabías que yo no sabía, que estaba bien así. Me dijiste que estabas bien. Y me preguntaste por Ricardo, me contaste que él había llorado mucho en tu entierro. Yo te dije que estábamos bien. Me diste la bendición y te fuiste". Después del sueño dejé de reclamarle a mi mamá y a mis tías que me hayan ocultado tu partida. No hacía falta ya.

Hace unos cuatro años volví a verte en un sueño. Me encontré contigo en un estacionamiento. Estabas muerto. Y me dijiste que te sentías solo. Yo te pregunté si necesitabas algo. Pero solo me dijiste eso. Y te fuiste. Cuando le conté el sueño a mi Abuela Ricarda, ella me dijo que siempre soñaba contigo y que tú la llamabas en esos sueños, pero que ella te decía que todavía no era su momento.

Ahora, muchos años después de ese viernes en el que te fuiste, te recuerdo y te lloro como no te lloré a mis siete años. Hoy puedo ver cuánta falta nos has hecho a todos y cuánta falta me has hecho a mí. Me duele tu partida y por sobre todas las cosas no haberte dicho Chao Abuelo, nos vemos ahora, luego, después.

Pero como la vida es tan hermosa, plena y sabia, me regala otro viernes para poder escribirte esto y decirte lo mucho que te amé y que te amo. Para decirte Abuelo hermoso que te llevo en mi corazón. Para escribirte esta carta absolutamente sentida desde mis entrañas que no te hubiese podido escribir a los 7 años. Para decirte que con muchísimo dolor te dejo en la muerte y que desde aquí, desde la vida, te doy las gracias más grandes e infinitas que se pueden dar a ser humano. Gracias por haber amado a mi abuela, haberla tomado, haberla querido, haberle dado la vida a mi mamá y habernos amado tanto a todos. Gracias por haber aceptado a mi papá y haberlo tomado como otro hijo. Gracias por tu vida y por habernos regalado esa vida a todos nosotros.

De esa agua que tenías tú me baño a diario. Sin juicios Abuelo. Se que hiciste lo mejor. Y aunque me dolió y aún me duele, se que te fuiste cuando tenía que ser, ni un minuto antes, ni un minuto después. Yo no podía hacer nada por ti, ni por mi mamá, ni por mi papá, ni por mi hermano. Yo era muy chiquita y delante de tu destino, lo sigo siendo. Fue cuando tenía que ser. Nada más.

Yo me quedo por acá por la vida un rato más. Desde aquí, te miro con amor. Y te pido, por favor, que me mires también con amor. Que me sonrías en cada tango que baile, en cada moneda que reciba, en cada abrazo que me den y que yo dé.


Por favor abuelito, bendíceme. Por favor. Mírame con cariño si me quedo, si me puedo despedir con tranquilidad de los que amo, si soy amada y no siento miedo ante ese amor que puede morir, si me entrego con paz y tengo quien me sujete en la caída. Por favor abuelo, bendíceme.





Tu nieta Raiza

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